miércoles, 27 de agosto de 2014

Y LA CAMPANA TORERA DUERME EN SILENCIO
Un año más se apagaron los sones de la Campana Torera después de realizar su trabajo de comunicar a los fermosellanos de que algún festejo estaba a punto de celebrarse en algún punto de la villa durante  las fiestas pasadas.

Allá, en lo alto, se ha quedado sin la compañía de su amigo, el campanero. No siente su palpitar y el ritmo acelerado impreso con mano fuerte. Se ha llevado la maroma que le unía físicamente a ella y con una suave inclinación de cabeza le ha susurrado un “hasta pronto” casi imperceptible. La mirada de la campana se dirige al centro del coso y lo encuentra vacío. Otea el horizonte hacia los corrales de San Albín y no percibe la polvareda producida durante los encierros. Ya no contempla la mirada de tantos ojos que se dirigían hacia ella escrutando todos sus movimientos. Ha enmudecido sin ningún tipo de exigencia. Siente que su labor ha finalizado por este ejercicio. No lo entiende pero lo acepta. De mover a todo un pueblo sobrepasado de gente a encontrarse prácticamente sola, allá arriba, en lo alto del frontal del ayuntamiento, no ha pasado más que un instante. Silencio, silencio, silencio. 
La Campana, nuestra Campana Torera se retira con humildad, de puntillas, para ejercer solamente como anunciadora de las diferentes horas del reloj. ¡También es un honor para ella! Que descanses en tu atalaya de oro. Tu inconfundible sonido lo llevaremos muy adentro.

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