Mostrando entradas con la etiqueta A vuelapluma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta A vuelapluma. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de diciembre de 2025

 A VUELA PLUMA

CAMILO JOSÉ CELA

 EL ENIGMA LINGÜÍSTICO DE LA “CIRRIPONA”

Es bien sabido que Fermoselle ha despertado, a lo largo del tiempo, el interés de diversos autores: algunos nacidos en la propia localidad o en su entorno más cercano, y otros foráneos que, atraídos por la singularidad del lugar, le han dedicado libros completos o, al menos, breves pero significativos pasajes dentro de sus obras. Estas referencias forman ya parte de una tradición literaria que, aunque modesta en número, resulta valiosa para la memoria cultural del pueblo.


Sin embargo, bastante más desconocido —al menos así lo ha sido para mí— es el hecho de que D. Camilo José Cela, una de las figuras más relevantes de la literatura española contemporánea y Premio Nobel de Literatura, se acordase explícitamente de Fermoselle en una de sus novelas. Se trata de La Cruz de San Andrés, obra con la que obtuvo el Premio Planeta en el año 1994, y que forma parte de su extensa y enriquecedora producción.

Releyendo esta novela días atrás, encontré una referencia concreta a nuestro pueblo en el quinto y último capítulo, que lleva por título “Desenlace, coda final y sepelio de los últimos títeres”. En ese tramo final del relato, Cela menciona de manera conjunta a Torregamones, Fermoselle y Formariz, vinculándolos a un uso lingüístico supuestamente común en la comarca. El pasaje completo dice así:

“Fernando Gambiño no tuvo suerte porque le dieron garrote sin esperar a que lo matase la cirripona que llevaba a cuestas, él no lo sabía, ni el juez, ni el verdugo tampoco, pero Dios sí, a Dios no se le oculta nada y menos las decadencias, los hundimientos y los derribos, por Torregamones, por Fermoselle y por Formariz llaman cirripona al cáncer de hígado, esto de los nombres de las enfermedades es muy aventurado y huidizo, se escapa frecuentemente de los lexicones y hasta de los usos…”

Más allá del interés literario del fragmento y de la propia mención de Fermoselle en una obra de Cela, lo que realmente llama la atención es el término “cirripona”, que el autor atribuye a esta zona de Sayago como denominación popular del cáncer de hígado. Se trata de una palabra que, al menos en la experiencia personal y colectiva que he podido recabar, resulta completamente desconocida.

He consultado a numerosas personas del entorno, especialmente a vecinos de edad avanzada, depositarios naturales de la memoria oral del lugar, y ninguno recuerda haber escuchado jamás ese término. En lo que respecta a Fermoselle, puedo afirmar que nunca lo oí a mis antepasados ni a otros hablantes tradicionales, ni siquiera en contextos relacionados con la enfermedad o el lenguaje popular.

Asimismo, he recurrido a distintos diccionarios, glosarios y recopilaciones léxicas sobre el habla tradicional de Sayago y, más específicamente, de Fermoselle, sin obtener resultado alguno. La palabra no aparece registrada en ninguna de estas fuentes, ni siquiera como variante local o forma en desuso. Tras una búsqueda insistente, he de reconocer que he quedado en el intento, sin lograr dar con su origen o con un testimonio fiable de su empleo real.

Todo ello abre varias posibilidades: que se trate de un vocablo muy localizado y ya desaparecido, que fuese usado durante un periodo breve y marginal; que perteneciera a algún estrato del dialecto sayagués hoy perdido; o incluso que estemos ante una licencia literaria de Cela, quien, como es bien sabido, gustaba de recrear y enriquecer el lenguaje popular, mezclando términos auténticos con otros recreados o reinterpretados con gran libertad expresiva.

Sea como fuere, la mención de Fermoselle en La Cruz de San Andrés y el misterio que rodea a la palabra “cirripona” constituyen una curiosa y sugerente anécdota literaria. Un pequeño detalle que, más allá de su exactitud filológica, vuelve a situar al pueblo en el mapa simbólico de la literatura española y nos invita a reflexionar sobre los límites difusos entre lengua viva, memoria oral y creación literaria.

sábado, 24 de mayo de 2025

 A VUELAPLUMA

BEGOÑA GARCÍA GÓMEZ

LA ESCUELA RURAL EN FERMOSELLE: UN MODELO DE CERCANÍA Y COMPROMISO

Begoña García Gómez, actual profesora de inglés y directora del CEIP Fermoselle desde el año 2015 y, anteriormente secretaria durante varios cursos, ha dado un notable impulso a la escuela de Fermoselle desarrollando una serie de proyectos de innovación reconocidos en los ámbitos educativos de Zamora y  del resto de la comunidad, que han repercutido en la mejora de las instalaciones del centro y en la calidad de la enseñanza impartida.


Anteriormente a Fermoselle, Begoña ejerció como profesora de inglés, su especialidad,  en Mozárbez, Carbajosa, Miranda de Azán, Arapiles, Aldeatejada y San Pedro de Rozados el curso 1992-93. Continuaron los años sucesivos en el CRA de Calvarrasa (Machacón, Encinas, Villagonzalo y Cilloruelo), Linares de Riofrío, CRA de Muga de Sayago (Cibanal, Torrefrades, Fariza, Torregamones, Luelmo, Moral y Villadepera,  CEIP Moraleja de Sayago y en el CRA Tierras de Sayago (Fariza,, Torregamones, Moralina, y Villadepera)
Ha sido jurado en oposiciones al cuerpo de Maestros, Concejala de Cultura y Turismo en el período 1995 – 2003 con Manuel Luelmo como alcalde y actualmente secretaria de la Asociación El Pulijón.


En la edición correspondiente al mes de mayo del periódico hispano-luso Jornal del Duero que edita  la AECT Duero-Douro  aparecen una serie de trabajos elaborados por los alumnos del CEIP Fermoselle así como una “columna de opinión” de Begoña.

 Esta es su transcripción:

“Como maestra de este centro desde el año 2002 y directora desde 2015, trabajar en la escuela rural de Fermoselle es, para mí, un auténtico privilegio. Dirigir un pequeño centro, me permite establecer una relación cercana y personal con cada uno de ellos, con sus familias y con nuestra comunidad. Aquí, la educación no es solo aprendizaje académico, sino una experiencia que conecta profundamente con nuestro entorno y los valores de nuestro pueblo.

Lo que más me motiva es nuestro compromiso con el medio ambiente. Rodeado de naturaleza, viñedos y paisajes únicos, Fermoselle inspira al alumnado a amar y respetar el medio ambiente. Con proyectos de reciclaje, huerto sostenible y conservación de la naturaleza, no solo aprenden teoría, sino también principios básicos de la vida. Estoy convencida de que enseñar al alumnado a valorar y proteger el medio ambiente es clave para su futuro y el de nuestra sociedad.



Otro desafío que asumo con entusiasmo es fomentar la lectura y el pensamiento crítico. En un entorno tan cercano, tenemos la ventaja de personalizar el aprendizaje. Aunque nuestra biblioteca sea modesta, selecciono con cariño cada libro para despertar en los niños el amor por la lectura desde pequeños. Gracias a ello, pueden explorar mundos nuevos, desarrollar su imaginación y mejorar sus habilidades, herramientas fundamentales para su desarrollo en un contexto rural.



No obstante, también me enfrento retos. La inestabilidad de las leyes educativas y del profesorado me obliga a constantes adaptaciones que consumen tiempo y recursos, alejándome de lo esencial: enseñar. Cada curso, cada día, tengo que transmitir esa ilusión a los recién llegados que, por lo general, me siguen y hacen suyas todas mis propuestas. Además, la burocracia me resta horas valiosas que podríamos dedicar a proyectos que realmente impacten en los niños y la comunidad.



A pesar de todo, sigo adelante con ilusión. La escuelas rural es más que un simple espacios de aprendizaje, es el corazón de nuestra comunidad. En CEIP Fermoselle nos esforzamos en formar futuros ciudadanos comprometidos con sus raíces, en educarlos en conocimientos y valores, en el respeto por la naturaleza y en el amor a su país. Aunque a menudo se pasa por alto su importancia, la escuela rural sigue siendo un lugar único y esencia donde la educación va más allá de lo académico y se convierte en una forma de vida.


Mª BEGOÑA GARCIA GOMEZ

Directora del CEIP FERMOSELLE

Desde esta página del Pulijón le transmitimos nuestra felicitación más sincera a la vez que la animamos a seguir por esa senda tan loable como es la educación y formación de los niños y jóvenes de Fermoselle.

jueves, 24 de marzo de 2022

 A VUELAPLUMA

ROBERTO FARIZA GONZÁLEZ

“LA MALDICIÓN DE LA CIGÜEÑA”

Roberto Fariza nació en la localidad asturiana de Novellana aunque se siente fermosellano por los cuatro costados. Durante muchos años ha desarrollado su trabajo en la Guardia Civil en las especialidades de fronteras y seguridad ciudadana. 


En la actualidad se encuentra en la reserva activa. Persona con gran riqueza de aficiones entre las que destaca la de escritor, viticultor, tamborilero, cocinero y gran conocedor de los Arribes del Duero. Ha publicado dos libros: “Historias y leyendas de Fermoselle” y “Diccionario fermosellano”. Ahora prepara otro sobre historias y realidades en torno al contrabando.



Vamos con una de las leyendas, tal vez la más conocida en Fermoselle:

“Viernes Santo, todos los vecinos se acercan a la iglesia parroquial Nuestra Señora de la Asunción para comenzar la procesión hacia la ermita de la Soledad, ensayaban mentalmente el salmo que más tarde cantarían al Cristo Descendido.

Las cigüeñas habían anidado más que nunca, y ya no solo ocupaban el campanario de la iglesia o el de la ermita de Santa Colomba, también sobresalían nidos en muchos tejados de casas, pajares e incluso en árboles altos. Aquel año había vuelto el hijo de Simón, un raterillo que acababa de ser liberado de la cárcel y que también acudía a la llamada para acompañar en procesión al Santo Cristo, a quien tanto se había encomendado en sus largos días encerrado tras los barrotes de la prisión.


Por la mañana, todos habían colaborado para preparar el Calvario donde también, desde tiempo inmemorial se hacía una representación en la que se desclavaba el Cristo de la Bendita Cruz y era conducido por los asistentes en procesión hasta la iglesia parroquial.

Se habían cuidado todos los detalles, se habían sacado y abrillantado los jarrones con sus flores y se había sujetado la Cruz, y colgado de ésta el manto o sudario del Cristo, el mismo que serviría para descender el santo cuerpo una vez que fuera desclavado. Doblaban las campanas lentamente, de forma triste y acompasada, mientras se iban congregando los hombres y mujeres de la tierra, así como amigos y parientes que habían venido de los pueblos cercanos a acompañarlos en día tan señalado. Cuando el sacerdote llegó revestido a la plaza donde se desarrollaba la ceremonia, comprobó con desasosiego, que el manto de la Cruz, que había sido colocado horas antes en la misma, había desaparecido. Todos los presentes, al ver la cara de asombro de su párroco, levantaron la vista anonadados, porque no sabían quién podría haber cometido tal robo. Llegaba Simón por una callejuela que conducía a la plaza, y todos lo miraron con ojos acusadores. Iba satisfecho, preparado para cargar con la imagen y arrodillarse con ella, arrepintiéndose por su vida pasada. Se quedó quieto en una esquina de la plaza, mientras que un ligero murmullo se iba extendiendo y haciendo cada vez más fuerte. El sacerdote, sin saber cómo descubrir al ladrón, mientras iniciaba la plática con la que comienza la función del Descendimiento, maldijo al que había robado el manto del Cristo con estas palabras:


“Quiera Dios Nuestro Señor y el Santo Cristo Descendido, su único Hijo, que aquel que  haya cometido este acto ignominioso no pueda volver al pueblo y quede maldito por siempre jamás.” Todos dijeron amén, y el acto comenzó. Simón fue uno de los que ayudaron a desclavar el cuerpo maltratado de Cristo y ayudó a portar las andas de la Urna.

El pueblo no dejaba de mirarlo con aire acusador, pero él caminaba tranquilo, cantando el salmo que desde pequeño había aprendido de sus padres y que tanto le ayudara a sobrellevar la soledad de su encierro. De pronto, todas las cigüeñas del pueblo comenzaron a sobrevolar la comitiva y desaparecieron por el horizonte, sin que nadie supiera explicar el por qué. Al llegar a la iglesia, comprobaron todos que la tela pendía del nido de la cigüeña en lo alto del campanario. 

Desde aquel año, y de esto hace ya mucho tiempo, no ha vuelto a anidar ninguna cigüeña en Fermoselle. El cura hizo que Simón se situara al lado derecho del Cristo, como el buen ladrón de la historia evangélica y que todos aquellos que hubieran dudado de él pasaran por delante inclinando la cabeza como señal de respeto. Todo el pueblo realizó dicha ceremonia, y desde aquel día nunca volvieron a dudar de ningún hombre por muy oscuro pasado que tuviese.

Estos últimos años la cigüeña visita en el mes de febrero la localidad de Fermoselle, e incluso se atreve a colocar unas vides en lo alto el campanario del santuario Nuestra Señora Virgen de la Bandera, con lo cual parece estar cerca el final de la maldición que el párroco pronunció aquel Viernes Santo”.

sábado, 15 de enero de 2022

  A VUELAPLUMA

AURORA CORTÉS MARCOS

“LA RONDA” – “UN PASEO POR FERMOSELLE NEVADO”

Aurora Cortés estudió enfermería en la universidad de Salamanca, ejerciendo actualmente esa profesión en el subcentro de salud en Villarino de los Aires y anteriormente en otros pueblos de la zona desde hace treinta años. Reside en Fermoselle, su pueblo, donde está implicada en una serie de iniciativas que se traducen en frutos apetecibles de cara a la ornamentación de la Villa. Gran enamorada de la naturaleza gusta de realizar rutas por las diferentes zonas de los Arribes y Sayago, al igual que paseos por los rincones de Fermoselle, acompañada de su marido, Toño, encargado de inmortalizar con su máquina de fotos todos los detalles con los que se topan en sus desplazamientos. Dominadora del lenguaje y conocedora de la idiosincrasia  fermosellana, Aurora remata todas sus salidas con unas  excelentes descripciones que te trasladan a la auténtica realidad. Aquí dejo dos muestras de su valía como escritora.


LA RONDA 

“Si todos los caminos conducen a Roma, por qué no desviarse un poquito a la izquierda y disfrutar del paseo de la Ronda en Fermoselle. Antiguamente los mozos y mozas las tardes de domingo acudían a este paseo. ¿Y cómo no enamorarse en semejante escenario?

Si miras hacia arriba dos inmensas moles de piedra granítica, las Cachas del Culo, sostienen el mirador del castillo vista sin igual hacia el río Duero.

Paseando tranquilamente disfruta de unas casas colgadas que desafían la gravedad. El sol del atardecer las tiñe de un color dorado tan intenso que no es posible dejar de mirarlas.


Sobre las piedras crecen  chumberas que muestran sus higos chumbos, que van desde amarillo, naranja a rojo intenso, de gran sabor pero ¡ojo! que esos frutos se defienden con unos pequeños picos que se incrustan y puedes tardar una tarde entera en sacarlos. Como curiosidad, los cactus tienen un parásito, la cochinilla, utilizado para obtener el colorante rojo carmín. Junto a ellos los granados con una flor naranja intenso y en octubre abre sus frutos.

A ambos lados de la carretera te puedes encontrar cornicabra, llamada cuerna en Fermoselle, un pequeño arbusto utilizado para injertar la planta del pistacho. Otra curiosidad es que esta planta desarrolla una agalla en forma de cuerno que no es ni flor, ni fruto, ni semilla, sino una hoja hipertrofiada inducida por un pulgón.

También te puedes encontrar zumaques utilizados para curtir pieles, muy importante en la época en que se hacían los pellejos y para teñir las ropas de un color parduzco de las señoras que quedaban viudas y tenían que vestir el luto.

Sigue mirando hacia arriba y observa lo poco que queda de la muralla del castillo. Para terminar abre la puerta en la fuente del pozo Mergúbez.”

 UN PASEO POR FERMOSELLE NEVADO

“Me gusta mirar por la ventana y ver caer los primeros copos de nieve. La ilusión de ver a todos gritando... Que va a cuajar., Que ya está cuajando...


Levantarme por la mañana un domingo y ver el paisaje nevado. El brillo de la nieve virgen cuando recibe los rayos del sol, pisarla y oír el crepitar bajo mis botas; la sensación de pureza. Me gusta hacer muñecos de nieve, una lucha de bolas, los gritos de mis hijas cuando se tiran cuesta abajo por una calle nevada ¡Menudas cuestas que hay en Fermoselle! Volver a casa y calentarme a la lumbre.

Abrigarme y pasear lentamente por este pueblo mirando tanta belleza. Y lo que más me gusta... es vivir aquí.”


viernes, 3 de septiembre de 2021

 A VUELAPLUMA

LUIS GARRIDO GÓMEZ

“LOS TEMPLOS SUBTERRÁNEOS DEL VINO: LAS BODEGAS FERMOSELLANAS”

Luis Garrido Gómez, “jubilado de la escuela” como él mismo se define, es natural de Fermoselle aunque reside desde hace muchos años en Málaga. Docente de primaria, realizó sus estudios en la  Escuela Normal “San Fernando” de Zamora. Ejerció en varias localidades de la provincia malagueña. Amante de todo lo relacionado con Fermoselle, donde pasa buenos ratos siempre que el tiempo se lo permite, participa asiduamente en los “Atardeceres Poéticos” organizados por la Asociación Cultural “El Pulijón”. El pasado 19 de agosto nos presentó este trabajo que según sus propias palabras escribió durante el tiempo de pandemia.


“Rememorándolas, las veo como lugares mágicos, misteriosos, profundos, oscuros… pero siempre iluminados con el ulular de un candil de mi padre. Las recuerdo con mucho ajetreo, de donde suben y bajan, entran y salen, titanes, como hormigas por un diminuto agujero, de las profundidades de las peñas. Aparecen revestidos, cual monjes trapenses, con un saco de arpillera a modo de cucurucho, que le cae por la espalda, para proteger la cabeza y el mono de trabajo, de la pez u otros derrames en los pellejos, llevándolos a cuestas hacia una caballería o carro que espera cerca de la zarcera o respiradero exterior.

Bajando de nuevo a las entrañas de la roca, me imagino una maza aguzada en buena fragua, con pico en los extremos, dando cuenta como pájaro carpintero, de pizarras, granitos y gneis para ir horadando túneles, pasadizos, albañales…con cuidado geodésico y evitar el derrumbe.

Esos héroes subterráneos, hechos de una pasta no, sino de un mosto especial, iban configurando: escaleras, arcos de medio punto, bóvedas y un sinfín de hoquedades. Escaleras para acceder a las catacumbas del vino; arcos y bóvedas para sostenerlas; huecos a medida para albergar cubas y toneles, amoldadas sus leguas para  una reclusión eterna en la hornacina correspondiente.

¡Cuánto trabajo, cuánto esfuerzo, cuánto sudor, para elaborar y albergar, a una temperatura ideal, la ambrosía de los dioses en forma de unos vinos, con embocaduras espectaculares!!!  

¡Cuántos brindis ingeniosos entre el trasiego de tintos, blancos, dulces y espumosos, que resonaban entre la yesca ancestral  de sus paredes, para amortiguar el dolor por alguna que otra tragedia por el dióxido de carbono!

¡Hablad, bodegas ancestrales, de una vez por todas y comunicaros con quienes quieran visitaros, pero, éso sí, que se reconozca en vosotras el sudor y el valor de vuestros escultores: los fermosellanos de pura cepa!!!!!

lunes, 17 de mayo de 2021

 A VUELAPLUMA

ILUMINADA RAMOS

“FERMOSELLANO, VUELVE”

Iluminada Ramos, escritora nacida en Fermoselle, aficionada y amante de la composición lírica, publicó en 2.014 un poemario dedicado íntegramente a Fermoselle y los Arribes. Títulos como “Arco de Fermoselle”, “El reloj de Santa Colomba” o “Una playa en Fermoselle”, entre otros, son ejemplos del amor de “Lumi” hacia la tierra que la vio nacer. Canta con versos de rima y métrica libre a las personas, al paisaje, al patrimonio, a las costumbres y las tradiciones de su pueblo. Al encontrarse inmersa en todo cuanto acontece en la Villa arribeña provoca que sus vivencias sobre Fermoselle se enraícen en lo más profundo de su sentir.

Recogemos para este VUELAPLUMA, ahora que tanto se habla de la “España vaciada”, la invitación que Iluminada dirige a los fermosellanos en la diáspora    y que se puede extrapolar a otros muchos de los amantes de nuestra localidad. Y a esperar que surta algún efecto en ese sentido de regreso o de retorno a este lugar de encanto que tantas virtudes atesora.


Fermosellano errante

Que con sudor ardiente

En tierras lejanas te instalas,

Y la abonas,

Y la siegas.

¡Sé! ¡Lo sé!

Aunque en esta tierra llueva,

Aunque lejano tú duermas,

Aunque amor del bueno vivas.

Tú a Fermoselle vuelve.

Tú que caminas por el sur,

Que visitas este y oeste,

Que vives en esta tierra.

¡Recuérdala con nostalgia!

Baila su música.

Cuando estés ausente

Tenla en tu mente presente.

Tú que dejaste este pueblo con sus gentes,

Su Bandera te proteja

Allá por donde camines.

Fermosellano valiente,

Aunque amor del bueno vivas

Tú a tu tierra…vuelve.

miércoles, 28 de abril de 2021

 A VUELAPLUMA

JUAN ANTONIO PANERO

“LA VIVIENDA EN FERMOSELLE”

Juan Antonio Panero nació en Almeida (Zamora) en 1935. Realizó los estudios de Magisterio en la Escuela Normal de Zamora .Ha ejercido como maestro durante 40 años en su tierra natal, 12 en Alfaraz y el resto en Almeida. Se le puede considerar como el sayagués más estudioso y defensor de las tradiciones y del medio rural en el que siempre  Su pasión por la naturaleza, la geología, la arqueología, la historia, la etnología y otros aspectos de la comarca, se han puesto de manifiesto en multitud de charlas y conferencias en pueblos de Sayago, en Zamora, Coruña y Salamanca, donde ha puesto siempre énfasis al hablar de las cosas y excelencias de su tierra. En las aulas siempre trató de inculcar a sus alumnos el conocimiento, amor y defensa por la zona.

Es autor, entre otros libros, de “Sayago, costumbres, creencias y tradiciones” y “Sayago: historia, arte y monumentos”, éste en colaboración con José Luis Valdueza, maestro de Fermoselle ya fallecido.

Panero recibió en 2.009 el título de “Sayagués Ilustre” por iniciativa de la Asociación de Empresarios de Sayago.

 En 2.000 escribía lo siguiente sobre la vivienda de Fermoselle

“La vivienda de Fermoselle da lugar a una arquitectura que rompe con los moldes establecidos en la comarca. Una arquitectura distinta, especialmente diseñada y condicionada por el emplazamiento en que se asientan sus casas. El Duero y el Tormes, en su continua labor erosiva, han ido perfilando en su confluencia, un espolón a modo de proa de un barco. Ambos flancos quedaron enmarcados por cortados graníticos que hicieron del lugar una defensa natural inexpugnable desde su ocupación por celtas y romanos. En el vértice del ángulo formado, quedan los restos del Castillo de Doña Urraca, donde vivió esta reina tras ser repudiada por su marido, nuestro Rey Fernando II de León. El mismo castillo donde posteriormente se refugió y fue hecho prisionero el obispo comunero Acuña. Al lado la Plaza, de donde parten estrechas y largas calles hacia el naciente, única entrada natural, que se van bifurcando a medida que el ángulo se va abriendo. Se comunican entre sí por pendientes y empinadas callejuelas, claras reminiscencias y vestigios judíos. 

En este nido de águilas las casas colgantes, encaramadas en los peñascos, se asoman al cantil apretándose unas junto a otras por falta de espacio y desde ellas pueden observarse las laderas de viñedos, frutales y olivos, que descienden hasta el cauce de los ríos. Al otro lado, en una bellísima panorámica, se distinguen perfectamente los pueblos portugueses o las tierras salmantinas. Un entorno distinto y unas casas distintas. Ya no vemos en Fermoselle aquel cinturón de cortinas alrededor del pueblo, como en los otros pueblos de Sayago. Ahora las paredes que se observan no se han levantado para el cerramiento de las fincas sino como muros de contención de las tierras, que de no ser por ellas, al ser movidas por el arado, se hubieran erosionado y precipitado hasta las fauces de los ríos. Obra de titanes es todo este sistema de bancales o terrazas en las que se asientan los cultivos ya citados. Los edificios no dejan espacios intermedios para huertos ni cortinas, como fuera normativa en la zona. Están constreñidos, apiñados. 

Los fermosellanos tuvieron que buscar sitio hacia el cielo para edificar. Por ello, sus casas ya no son achatadas como las del resto de Sayago. Tienen dos plantas: la de arriba para la vivienda y la de abajo para cobijo de los animales y la bodega. Pero lo más llamativo y meritorio es que los vecinos han sabido respetar alineaciones y estructuras conservando el pueblo un cierto sabor medieval. No en vano ha sido declarado conjunto artístico e histórico, un galardón del que sus habitantes se sienten orgullosos. 

Un pueblo especial en un lugar especial. Como especial es también, y de lo más interesante, el conjunto de bodegas. Algunas, verdaderos palacetes subterráneos, como la del Polijón por ejemplo. A pico y pala, cada vecino ha ido excavando en el granito descompuesto amplias galerías. Así, la frescura de la roca las convierte en un emplazamiento ideal para conservar el vino. Arcadas de piedra refuerzan los techos con el fin de evitar que las casas puedan hundirse. Una red de desagües hacia el río las comunica entre sí, de forma que el intrincado laberinto bien pudiera comparase con las antiguas catacumbas romanas. Pueblo turístico por excelencia, este de Fermoselle, que ha sabido conservar su tipismo.”

domingo, 7 de febrero de 2021

 A VUELAPLUMA

ANE MONZÓN GARCÍA

“ORO LÍQUIDO DE FERMOSELLE”


Ane Monzón García, nació en Salamanca y se siente fermosellana de corazón  y por los cuatro costados; no en vano  sus predecesores ahondan sus raíces en Fermoselle. Actualmente estudia un doble grado de periodismo y humanidades en la universidad Carlos III de Madrid. Dentro de la asignatura Reportaje en Profundidad ha elaborado un trabajo claramente relacionado con Fermoselle y con una de las actividades agrícolas más importantes de la Villa como es la recogida de la aceituna y la elaboración del aceite. Lleva por título “ORO LÍQUIDO DE FERMOSELLE”.

Dice Ane que eligió ese tema porque quería aproximarme al mundo rural en un momento en el que parece que todo se centra en las grandes instituciones y la velocidad de las ciudades. Que le pareció una buena manera de acercarse al pueblo y a su historia e incluso a su círculo más cercano (los personajes que cita tienen relación familiar con ella).

Se trata de una descripción realista en la que participa activamente, muy bien estructurada y con un fuerte sabor lígrimo al terruño.

Trascribo algunos párrafos:

“En la comarca zamorana  de Sayago, oculto entre los Arribes del Duero y erigido sobre un subsuelo de más de mil bodegas, el pequeño pueblo de Fermoselle cobija a sus lugareños, protagonistas de la historia que hoy tintará estas páginas. Esta localidad -declarada conjunto histórico-artístico en el año 1974- recibe durante el año a cientos de turistas rurales quienes, a  pesar  de las restricciones marcadas por las consecuencias de la pandemia, intentan huir de la acelerada vida de la polis. Pero durante el mes  de  diciembre,  la  faena   central es la aceituna; la producción del aceite fermosellano, llamado “oro líquido”, que es fruto de un trabajo costoso de recogida, transporte y maquinaria…”

“También pensé, al observar los paisajes, que no es de extrañar el topónimo de la villa, cuyo significado etimológico es “fermosa ella”, ya que hace justicia a los perfiles arquitectónicos romanos, las empinadas calles con casas de granito y las extensas panorámicas de los cañones fluviales flanqueados por bancales…”

“El olivo que “pañaban” era de grandes dimensiones; un olivo de más de mil años de antigüedad. Lo habían rodeado con las típicas redes verdes que cubren el suelo y recogen el fruto que cae de  las ramas. Gabri se encargaba de podar la parte superior del árbol para facilitar la altura del vareo…”

“Cerca del olivo, Toño atiza una lumbre en la que se preparará posteriormente la parrilla. Se aprovechan las hojas, ramas y ramones que  se  han  caído  de  los olivos para  hacer  el  fuego.  El contraste entre el frío de diciembre y el calor de la lumbre permite amenizar la faena. Meri no tiene inconveniente en admitir que lo mejor de la recogida de la aceituna es la comida. Sobre la lumbre se cocinan costillas, el habitual pestorejo -careta de cerdo adobada- o lo que apetezca; todo esto acompañado del hornazo típico de la zona y, a lo mejor, de las propias aceitunas ya preparadas tras el aliño…”

“Roberto Fariza, un forastero que llegó en los ochenta como guardia civil al pueblo -con un puesto de vigilancia fronteriza- sin intención de quedarse, ya lleva más de treinta años siendo un follaco más (gentilicio que también se les da   a los fermosellanos). Se casó con Begoña -hija de la Pili del Amado “Patricio” y del Emilio del Tomás “Calero” y la María “Panadera”- con quien formó una familia y construyó una casa. “No pensaba quedarme y ahí me ves con ocho viñas, el olivar, el huerto, las gallinas y los perros”, nos dice. Ahora jubilado y en la reserva activa, dedica la mayor parte de su tiempo al mundo de la agricultura, por el que siente una gran pasión.

Cuenta cómo ha cambiado el pueblo desde que él llegó. Debido a las transformaciones que ha experimentado el mundo rural en las últimas décadas, Fermoselle forma parte de lo que conocemos como “la España vaciada”. A principios del siglo XX,  cuando el municipio podía llegar a contar con más de 8000 habitantes, se produjo un primer éxodo de emigración hacia varios países de Latinoamérica como Argentina, México y Chile. Más tarde, en las décadas de los 50 y 60, sucedió la diáspora rural hacia zonas urbanas del interior de España como Bilbao, Barcelona o Madrid. “Cuando yo llegué a Fermoselle, en enero del 85, había 2740 habitantes y hoy seguramente no llegue a los mil. Aunque hay 1200 empadronados porque la gente se empadrona para pagar menos impuestos, sobre todo para los vehículos de rodaje, ya que es más barato aquí”, dice Roberto…”

Para finalizar este “A vuelapluma” decir que Ane tiene estudios musicales y que ha participado en todas las ediciones de las Veladas Musicales “JÓVENES INTÉRPRETES”, actividad organizada en Fermoselle por la Asociación Cultural “El Pulijón” de la que también es socia.

Enhorabuena, Ane, y a continuar en esa línea de trabajo y éxitos.