lunes, 4 de agosto de 2014

"A VUELAPLUMA"
FERMOSELLE: ALMA, VINO Y TOROS
Iniciamos una nueva sección que titulamos “A VUELAPLUMA”. En ella irán apareciendo textos escritos por muy variados personajes relativos a los festejos taurinos en Fermoselle y también a sus gentes y vivencias en general. 
Hoy es un texto un tanto sentimental de Benjamín Iglesias. Este comentarista taurino, fermosellano de adopción y gran amigo de la Peña El Pulijón, donde compartió con la sociedad muchos ratos de camaradería, plasmó en el programa de fiestas de 1.974 unas reflexiones personales sobre la autenticidad del binomio FERMOSELLE-TOROS. Aquí la trascripción:
Niños jugando "al toro"
Página del cartel de 1.974
“Y los toros. Fermoselle en sí es un toro. Un toro-toro, de los que en argot taurino denominamos “tíos”. Nuestro pueblo no podría vivir sin toros, sencillamente porque forma parte de su idiosincrasia, de su ser. Como no podría ser Fermoselle sin su Virgen de la Bandera, sin su Arco, sin su Castillo. Fermoselle es así por un compendio de cosas entre las que no puede faltar el toro. Porque él forma parte de su costumbrismo que es tanto como decir su historia.
Año cincuenta…y tantos, Yo, todavía un niño, ya jugaba al toro. Poco podía imaginar entonces que otros toros más azulados, más fieros, me esperaban a lo largo de mi existencia de hombre. Dibujaba mis verónicas sin atisbar todavía los mantazos que tendría que dar al difícil bicho de la vida. Señalaba mis estocadas sin tampoco vislumbrar los bajonazos que habría de propinar en otros ruedos, una vez saliera del ruedo fermosellano.
Cartel Dionisio Recio
Quise ser torero y me quedé en aficionado. Hubiera querido ser para siempre de Fermoselle y la marejada humana me llevó por otros derroteros. Me hubiera gustado ser un “Marujo”, o un “Choto”, llevando la antorcha del “Polijón”, símbolo de Fermoselle y me he quedado en un simple comentarista taurino. Hubiese preferido beber para siempre nuestro vino fermosellano y he tenido que tragar otros vinos.
Cartel Antonio de Jesús
Fermoselle. Años cincuenta, más o menos. Desde Dionisio Recio a Victoriano Posada y Antonio de Jesús, toreros que desfilaron por nuestra plaza por entonces, hasta Antonio del Castillo, que debía actuar y al que un marrajo asesinó en Masueco, una semana antes. Toreros, toros, pueblo, vino, talanqueras con rojos lomos de sangre. La Virgen de la Bandera en andas, un niño jugando al toro, el viejo Emilio, el guardia, vigilando la plaza.
Los cohetes, el toro de fuego, las verbenas de Santa Colomba, los churros calientes, los portugueses ahítos de escabeche, los puestos de melones y sandías, mis viejos maestros, las Escuelas Nuevas, Don Basilio, el “Prado”, los toritos nerviosos por locuras…que lejos os habéis quedado.
Sin embargo, Fermoselle, ¡qué cerca estás, todavía!”
(Imágenes sacadas de internet)

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