martes, 31 de marzo de 2026

 VIVE LA SEMANA SANTA EN FERMOSELLE

Silencio, tradición y luz

La Semana Santa de Fermoselle se vive sin estridencias ni excesos; todo se expresa en forma de vivencia íntima y profundamente espiritual. El silencio acompaña el lento discurrir de las imágenes sagradas por las calles y rincones del pueblo, mientras los vecinos participan viendo, cantando y orando.

En Fermoselle la fe se respira en cada esquina, en cada paso contenido, en cada mirada emocionada. Las tallas, heredadas de generaciones pasadas, son memoria viva de un pueblo que las acompaña con una entrega que conmueve.

Los desfiles procesionales se inician el Jueves Santo. Finalizados los Santos Oficios entra en escena la efigie del Nazareno, que con paso lento y firme, se abre camino entre los fieles seguido por su Madre, la Dolorosa. Pasada la Portilla, imágenes y  fieles se enfilan hasta el descendimiento donde se produce cierta emoción al girar en torno al lugar, debido a su estrechez. Ya en la penumbra del atardecer se regresa a la parroquial.


Y llega  la media noche de este Jueves con uno de los momentos más sobrecogedores. A las once, en el interior del templo, los cofrades del Cristo de la Agonía se alinean en el pasillo central. El silencio es absoluto. El sacerdote pronuncia la invitación al compromiso, y ellos responden con un juramento firme: “guardar silencio durante toda la procesión.” Un silencio que no es vacío y que afecta a todos los acompañantes. 



Un silencio que conmueve más que cualquier palabra. La procesión inicia su largo recorrido: Plaza Vieja, el Seco, Las Eras, Cuatro Calles, Santa Colomba y El Arco medieval donde alcanza su instante más delicado. El paso a través del ojo se vuelve preciso, casi ritual, para evitar que los brazos de la cruz rocen la piedra centenaria. En ese instante, el tiempo parece detenerse: la dureza de la roca y la fragilidad del cuerpo representado crean un contraste que deja una huella imborrable.

La madrugada del Viernes Santo trae consigo uno de los episodios más intensos: el encuentro entre Madre e Hijo. En la confluencia de las calles Isidro Cabezas y Amargura, aún envueltas en la frescura del amanecer, las imágenes de Jesús y María se enfrentan en un diálogo mudo. No hacen falta palabras: en sus rostros se adivinan el dolor, la pérdida y un amor infinito que trasciende lo humano.

Al atardecer, en las afueras, se celebra el entierro del Cristo Yacente. Desfilando entre la sucesión de cruces de piedra que a modo de Vía Crucis acoge al séquito fúnebre llega el cuerpo del “Cristo de la Urna” frente a la puerta del cementerio, después de girar en torno al descendimiento. La Virgen de la Soledad acompaña, desgarrada, el último trayecto de su Hijo. Los cargadores, fieles a la tradición, ejecutan las tres genuflexiones al grito ancestral entonado por un feligrés veterano que es repetido con fervor por todos los asistentes:


“¡A la una, a las dos y a las tres!”

Un eco que atraviesa generaciones y mantiene viva la esencia del rito.

Y, como en toda historia de dolor, llega la luz. En la Plaza Mayor, bajo la claridad de la mañana de Pascua, la Resurrección irrumpe como un soplo de vida. Cristo resucitado es alzado ante un pueblo que lo recibe con emoción renovada. La tristeza se transforma en esperanza, y la plaza entera late con la certeza de que la luz siempre sigue a la oscuridad.


Así es la Semana Santa en Fermoselle: contenida, profunda, auténtica. Una experiencia que no se contempla: se vive. Quien la descubre no regresa igual; vuelve con el alma más llena, el espíritu renovado y el corazón más cerca de lo eterno.

Jesús ha resucitado. Hasta el próximo año. FELICES PASCUAS.

viernes, 27 de marzo de 2026

 PANCARTA DEL PULIJÓN…AGOSTO 1984

Estamos ante una pancarta con un espíritu un tanto reivindicativo que se recoge en el eslogan que aparece en ella: ¡QUEREMOS ALGO MÁS!

Las imágenes explican con claridad el objetivo que se perseguía. En la del lado izquierdo se representa al “pueblo de Fermoselle” sobre una grúa que con su brazo trata de demoler la plataforma en la que aparece un toro reinante con la inscripción de “fiestas del ayuntamiento”. De lo que se trataba era reclamar al consistorio un cambio de actitud hacia las fiestas patronales, unas fiestas en las que podrían coexistir el gusto de la mayoría de los fermosellanos por todos los festejos en torno al toro junto a otras actividades culturales, musicales, deportivas, de ocio, etc. abiertas a todo el pueblo.


En cuanto a la programación de la Comisión de Fiestas destacan dos encierros, una becerrada para cuatro hermanas toreras, “Las Brujas”, dos novilladas, el festival cómico taurino “Ovaciones en el ruedo”, el concierto de “Los Chunguitos”, dos verbenas de barrio y otras en la plaza mayor, todas amenizadas por orquestas.

Por parte de la Peña “El Pulijón” se organizó la carrera ciclista 2º Criterium Bajo Duero entre Zamora y Fermoselle, el III Certamen de Tamborileros “Bajo Duero”, concursos de poesía y de pintura, pruebas deportivas (natación, salto de trampolín, futbol, cros popular) y concursos de pruebas variadas para adultos y niños, repartidos en varios días de la programación oficial.


A decir del presidente de nuestra peña en declaraciones al Correo de Zamora: “Los actos programadas por “El Pulijón” han resultado un éxito de organización. Los componentes de la Peña se encuentran totalmente satisfechos con el resultado del III Encuentro de Tamborileros del Bajo Duero, donde llevaron el mayor peso en cuanto a la organización. También los actos deportivos y literarios han logrado aglutinar a un número importante de participantes a quienes la peña “El Pulijón” entregó multitud de trofeos.