viernes, 16 de mayo de 2025

 LAS CHARCAS EN FERMOSELLE

Se cuenta que hace algunos decenios, en las afueras de Fermoselle, existían dos lagunas o charcas que desempeñaban un papel muy importante en la vida cotidiana de sus habitantes. Estas lagunas eran utilizadas principalmente como abrevaderos para el ganado, pero también adquirieron un protagonismo social que va más allá de su función práctica.

En tiempos pasados, cuando el acceso al agua potable no era tan fácil ni tan abundante como en la actualidad, estas charcas se convirtieron en el principal recurso hídrico para los animales de Fermoselle. El ganado acudía a ellas para beber, y los labradores, en su labor diaria, dependían de ellas para que sus animales pudieran mantenerse bien hidratados. Sin embargo, el uso constante por parte del ganado hacía que las aguas de las dos lagunas estuvieran lejos de ser limpias y cristalinas. La suciedad acumulada por los animales, junto con la falta de una adecuada higiene, convertía las aguas en algo turbio y de dudosa salubridad, en un verdadero cenagal.

A pesar de la falta de limpieza y las condiciones poco higiénicas, las lagunas tenían un uso inesperado: eran el lugar de baño para los hombres de Fermoselle. En una época en la que no se disponía de trajes de baño, las charcas se convertían en un espacio común para que los hombres, sobre todo en los calurosos días de verano, pudieran refrescarse y disfrutar de un momento de alivio tras las duras jornadas de trabajo en el campo. La tradición de bañarse en las charcas, a pesar de las malas condiciones del agua, era vista como algo habitual, una costumbre aceptada en la vida rural del pueblo.

Era un espacio en el que, al anochecer, se reunían muchos de fermosellanos, que se sumergían en las aguas turbias sin apenas preocuparse por la suciedad. La falta de ropa adecuada para bañarse no era un obstáculo, ya que el baño en estas lagunas formaba parte de un ritual de convivencia social. Era un lugar de encuentro, de risas y de charlas informales sobre el día a día, donde los hombres se relajaban y compartían historias mientras se refrescaban.

Sin embargo, las mujeres de Fermoselle no solían participar en este tipo de baños. En esa época, la sociedad era muy conservadora y las normas de género estaban estrictamente marcadas. Las mujeres no se bañaban en las mismas aguas que los hombres, y su contacto con las charcas estaba limitado a las tareas relacionadas con el ganado o con la recolección de agua. Además, la costumbre de nadar o de practicar el baño libre no era algo común entre las mujeres de la época. La falta de trajes de baño adecuados y el contexto social impedían que las mujeres pudieran disfrutar de este tipo de prácticas. Como consecuencia, muchas de ellas no aprendían a nadar, pues el acceso a las aguas para ellas era más bien una cuestión de necesidad (para lavar la ropa o realizar otras tareas) que de ocio o recreo.

Con el paso de los años, las necesidades y las costumbres de la sociedad cambiaron, y las viejas charcas dejaron de tener la misma importancia. Los avances en la infraestructura hidráulica y la mejora de las condiciones sanitarias hicieron que las lagunas perdieran su función original. La suciedad acumulada en sus aguas y la falta de higiene fueron factores determinantes para su progresivo olvido.

Sin embargo, en lugar de desaparecer por completo, la historia de las lagunas de Fermoselle dio paso a nuevas transformaciones que reflejan la evolución del pueblo. Hoy, una de estas antiguas lagunas, la de las Eras ha sido recuperada y transformada en la piscina municipal de Fermoselle, un espacio de recreo y ocio que ofrece a los habitantes del pueblo y a los visitantes la posibilidad de disfrutar de un baño en aguas limpias y acondicionadas, muy lejos de las condiciones de suciedad y turbieza que caracterizaban a la laguna de antaño. Esta piscina municipal se ha convertido en un lugar de encuentro en los calurosos meses de verano, un espacio donde las familias, los niños y los turistas pueden disfrutar del agua en un entorno saludable y seguro.

La charca de las Eras, era mucho menos atractiva para los bañistas. Su agua oscura y su aspecto algo tenebroso provocaban el miedo de muchos. Allí, apenas se bañaban personas, pues la sensación de temor que causaba su agua turbia desalentaba a los más valientes a meterse en ella.

Por otro lado, el espacio ocupado por la laguna de Santo Cristo, ha sido transformado en un moderno polideportivo, un complejo que alberga instalaciones para la práctica de deportes tanto al aire libre como bajo techo y desde hace unos años, en ese mismo espacio, funciona una guardería infantil. Este polideportivo no solo ha mejorado las infraestructuras deportivas del pueblo, sino que también ha proporcionado a los fermosellanos un lugar para el ocio, la actividad física y el bienestar, convirtiéndose en un centro neurálgico para la comunidad.

La transformación de estas antiguas lagunas en la piscina municipal y el polideportivo refleja la evolución de Fermoselle, un pueblo que ha sabido adaptarse a los tiempos modernos sin perder el vínculo con su historia y sus tradiciones. Las lagunas, que en su momento fueron testigos de una vida rural más austera y sencilla, hoy se han reconvertido en espacios de bienestar y recreo para las nuevas generaciones.

Aunque las charcas ya no son lo que fueron, su historia sigue viva en la memoria colectiva del pueblo. Aquellas tardes de baño en aguas sucias, los hombres que se reunían en las lagunas para charlar y refrescarse, y las mujeres que observaban desde lejos sin poder compartir esa experiencia, son parte de un pasado que, aunque lejano, sigue siendo un testimonio de las costumbres y la vida cotidiana de Fermoselle en tiempos pasados.

Hoy, en lugar de las aguas turbias de las antiguas charcas, Fermoselle ha dado paso a espacios más limpios y funcionales, pero sin olvidar nunca sus raíces. Las lagunas de antaño, convertidas en piscina y polideportivo, son el reflejo de un pueblo que sigue mirando al futuro con la misma dedicación y cariño con los que siempre ha cuidado su historia y sus tradiciones.


En aquellos tiempos los jóvenes y niños de Fermoselle se bañaban durante el día en el agua cenagosa de la charca de Santo Cristo. La entrada al agua, se encontraba llena de los excrementos de los animales que abrevaban en ella. Ranas, renacuajos, culebrillas nadando te las topabas a menudo. Había costumbre de saltar a modo de trampolín utilizando el pretil de piedra que la separaba de la carretera del cementerio. Era la forma más maravillosa de pasar las largas jornadas del verano en Fermoselle.

Pero no todo era diversión sin más. Si alguien decidía ir a la charca sin permiso, lo más probable es que al regresar a la orilla se encontrara con una reprimenda. Las madres, alertadas, iban hasta allí a por los niños, recogiendo la ropa que habían dejado en la orilla o en las lastras de uno de los laterales utilizados para tomar el sol, obligándolos a regresar a casa, a menudo de forma algo incómoda. Sin embargo, para muchos de esos niños y jóvenes, la charca de Santo Cristo se convirtió en un lugar de recuerdos felices de los largos y cálidos veranos, una tradición sencilla, pero profundamente vivida.

Esos veranos junto a las charcas de Fermoselle son un reflejo de una época donde, aunque no existían grandes comodidades, los momentos compartidos alrededor de estos espacios naturales formaban una parte entrañable de la vida cotidiana del pueblo.

sábado, 3 de mayo de 2025

 FOLK

(REVISTA 50 ANIVERSARIO)

La XXXVIII Muestra de Música y Danza Tradicional ha reafirmado, una vez más, el firme compromiso del Pulijón con la preservación y promoción del folclore castellano y leonés. Lo que comenzó con la organización de tres Certámenes de Tamborileros ha crecido hasta consolidarse en una cita imprescindible para los amantes de las tradiciones populares.


Por la plaza mayor de la Villa han desfilado algunos de los nombres más emblemáticos del panorama etnográfico regional. Desde la autenticidad de Mayalde hasta la fuerza expresiva de Vanesa Muela, pasando por la calidad interpretativa de Jambrina con Habas Verdes y el sabor tradicional de La Bazanca, el escenario se ha llenado de sonidos que hunden sus raíces en la memoria colectiva del pueblo.

Junto a estos destacados intérpretes, un nutrido grupo de agrupaciones de danza —provenientes en su mayoría de las provincias de Zamora y Salamanca—incluidos los componentes de la Asociación de Tamborileros “Juan de la Encina” y el grupo infantil “Ocellum Durii”, ambos de Fermoselle, han aportado el color y la elegancia de sus trajes tradicionales, así como la energía y el rigor de unas coreografías que han sabido transmitir la vitalidad de nuestras raíces.


Música, danza, tradición y emoción se han dado la mano para convertir esta edición en una auténtica fiesta del alma popular, corroborando que el Pulijón continúa haciendo del folclore una de sus más firmes señas de identidad.

jueves, 1 de mayo de 2025

 FRANCISCO GALIANA HERNÁNDEZ

(EXALCALDE DE FERMOSELLE)

 Días atrás visitó Fermoselle una joven pareja unida a la familia de Francisco Galiana Hernández. Siempre escucharon a su tío expresar con pasión y cierta nostalgia sus sentimientos sobre los años pasados en la Villa así como la labor tan importante que había realizado. Ahora han querido comprobar in situ esas vivencias viajando a Fermoselle y pasear por sus calles y plazas a la vez que visitar sus puntos más emblemáticos, entre ellos las bodegas de la Asociación Cultural “El Pulijón”, momento que recoge “Guerra de Colores” con su cámara.

Pues aprovechando esta visita y debido a la relación personal y epistolar que mantuvo Galiana con nuestra Asociación hago una breve biografía basada en el texto que aparece en el libro de Manuel Rivera Lozano titulado FERMOSELLE.

Francisco Galiana Hernández nació en San Felices de los Gallegos, una pequeña localidad de la provincia de Salamanca, marcada por la sobriedad castellana y el espíritu laborioso de sus gentes. En busca de nuevos horizontes, se trasladó a Fermoselle el 10 de noviembre de 1930. Aquí contrajo matrimonio, formó su hogar y residió durante cuarenta años, dejando una profunda huella en la vida local.

Desde el primer momento, Galiana demostró una vocación de servicio y liderazgo natural. El 24 de abril de 1948 tomó posesión como concejal electo del Ayuntamiento de Fermoselle. Su dedicación, energía y capacidad de organización no pasaron desapercibidas, lo que le llevó a ocupar diversas responsabilidades en la vida pública: fue nombrado alcalde-presidente del municipio, jefe local, delegado comarcal de Auxilio Social, consejero y diputado provincial. Su labor fue incansable, siempre orientada a mejorar las condiciones de vida de sus vecinos y a impulsar el desarrollo de una localidad que, en aquellos años, se enfrentaba a graves carencias estructurales.

El episodio que lo elevó al rango de figura casi mítica dentro de la memoria colectiva de Fermoselle fue su decisiva intervención para dotar a la villa de un sistema de abastecimiento de agua potable, una necesidad histórica que parecía inalcanzable por la complejidad técnica, la falta de medios y las difíciles condiciones de la época. A pesar de estos obstáculos, Francisco Galiana se entregó con determinación al proyecto, convencido de que la voluntad política y el compromiso con el bien común podían vencer incluso las barreras más duras.

Gracias a su liderazgo y a la colaboración de sus compañeros de consistorio, a su empuje personal y su fe en el futuro, el sueño de generaciones de fermosellanos se convirtió en realidad. La llegada del agua potable no solo resolvía un problema de salubridad y calidad de vida, sino que marcaba un antes y un después en la historia de la localidad, abriendo la puerta a nuevas posibilidades de progreso y bienestar. Fue una conquista social de un valor incalculable.

El reconocimiento por esta obra histórica no se hizo esperar. En sesión plenaria celebrada el 9 de julio de 1952, el Ayuntamiento de Fermoselle aprobó por unanimidad un homenaje en forma de placa conmemorativa, instalada en el consistorio, que recoge este emotivo texto:

“A don Francisco Galiana Hernández, alcalde realizador del abastecimiento de aguas, Fermoselle le nombra hijo adoptivo y alcalde honorario perpetuo.”


Este gesto oficial consagró su figura como una de las más relevantes de la historia contemporánea de Fermoselle, símbolo de entrega desinteresada, visión política y amor por la comunidad.

Con el tiempo, y tras finalizar su etapa pública, Francisco Galiana se trasladó a Puerto Rico, donde vivió sus últimos años. Allí enviudó, pero nunca perdió el vínculo afectivo con la villa que lo adoptó y a la que tanto había dado. A lo largo de los años realizó frecuentes viajes de regreso a Fermoselle, en los que compartía entrañables jornadas con familiares, amigos y numerosos vecinos que seguían reconociendo en él a una figura entrañable, respetada y admirada.

En una de esas visitas recogió “EL PULIJÓN DE ORO” distinción otorgada por la Asociación El Pulijón y aprobada en su asamblea general en 1983. En la foto que se aporta le acompañan, entre otros, el presidente de la Asociación y su amigo Antonio Regojo.



Del libro de Rivera trascribo estos datos sobre otros objetivos cumplidos durante su mandato de corregidor de la Villa: “ Además de la “traída de aguas” se preocupó también de la calidad, asistencia y aprovechamiento de la enseñanza, organizó y controló las fiestas de toros (dentro y fuera de la plaza), puso en marcha un ciclo de conferencias culturales, sociales y económicas a lo largo de cinco años, organizó el traslado procesional de la Virgen de la Bandera coincidiendo con las fiestas de Agosto, estableció la llamada merienda torera con el fin de recabar esfuerzos y ayudas, levantó el monumento a los caídos y un largo etcétera.”

Francisco Galiana Hernández forma parte del legado vivo de Fermoselle. Su ejemplo sigue siendo una fuente de inspiración para quienes creen en el poder transformador del compromiso cívico y en la fuerza de la voluntad cuando va guiada por el bien común.

miércoles, 30 de abril de 2025

 “DÉJATE LLEVAR POR ZAMORA” SE MATERIALIZA EN FERMOSELLE

La Asociación Cultural El Pulijón vuelve a sumarse al proyecto “Déjate llevar por Zamora”, una iniciativa impulsada por la Diputación de Zamora con el objetivo de dar a conocer la riqueza patrimonial, cultural y natural de nuestra provincia. En esta ocasión, un año más, tenemos el placer de abrir las puertas de nuestras bodegas históricas al público, ofreciendo una experiencia única en el corazón de Fermoselle.


Nuestras bodegas, excavadas en la roca y cargadas de historia, forman parte del legado vitivinícola que define la identidad de la Villa. Son un símbolo vivo del esfuerzo de generaciones que trabajaron la tierra y el viñedo, y que supieron transformar los frutos del campo en vino, uno de los pilares de nuestra economía y cultura tradicional.


Estas bodegas, completamente musealizadas, permiten al visitante realizar un recorrido por todas las etapas del proceso de elaboración del vino, desde el cultivo de la vid hasta el embotellado. Además, se exponen una gran variedad de utensilios y herramientas originales, tanto de las labores agrícolas como del trabajo dentro de la bodega, muchos de los cuales ya no se utilizan, pero que siguen siendo testimonio del saber hacer de nuestros antepasados.

La visita no se limita solo a las bodegas. Paseando por Fermoselle, el visitante podrá descubrir joyas arquitectónicas y paisajísticas como la iglesia parroquial, la Casa del Parque Natural de Arribes del Duero, el mirador del Torojón —con sus impresionantes vistas del cañón del Duero—, así como múltiples rincones llenos de encanto, callejuelas empedradas, casas tradicionales y vestigios medievales que invitan a perderse y dejarse sorprender.

La participación de la Asociación Cultural El Pulijón en este proyecto es fruto de nuestro compromiso con la preservación y difusión del patrimonio local. Creemos firmemente en la importancia de abrir nuestras puertas, compartir nuestra historia y fomentar un turismo cultural y sostenible que beneficie al conjunto del territorio.


Agradecemos profundamente a la Diputación de Zamora su labor constante en la promoción de nuestros pueblos y en la dinamización del medio rural a través de iniciativas como “Déjate llevar por Zamora”. Gracias a este programa, muchos de los tesoros de Fermoselle y del resto de la provincia salen a la luz y se ponen en valor, permitiendo que tanto zamoranos como visitantes foráneos descubran la enorme riqueza que atesora esta tierra.

Invitamos a todos a acercarse, descubrir y dejarse enamorar por Fermoselle, por sus bodegas, por su gente y por su historia. Porque conocer nuestro pasado es también una forma de construir un futuro con raíces firmes.

martes, 15 de abril de 2025

 SEMANA SANTA EN FERMOSELLE: SENCILLEZ, EMOCIÓN Y ALMA

La Semana Santa en Fermoselle, villa cargada de historia y misticismo, se celebra con una sencillez que, lejos de restar solemnidad, la convierte en una manifestación profunda de fe y recogimiento. No hay grandes alardes ni ostentaciones, pero sí un respeto hondo, un silencio que pesa y una emoción que estremece. Durante estos días, el corazón del pueblo late al compás de las imágenes sagradas que recorren, solemnes, las principales arterias de la localidad.

Los vecinos de Fermoselle no son meros espectadores. Viven cada instante con el alma en vilo, acompañando con recogimiento a las tallas que, desde generaciones pasadas, han sido testigos de su devoción. Y es precisamente en esos momentos, cuando la respiración se entrecorta por la intensidad del sentimiento, donde la Semana Santa fermosellana muestra su verdadero rostro.


Uno de esos instantes llega en la noche del Jueves Santo. A las once en punto, en el interior de la parroquia, los cofrades del Cristo de la Agonía se sitúan en fila en el pasillo central, sumidos en un silencio sepulcral. El sacerdote les invita al compromiso, y ellos, con voz firme y al unísono, juran guardar silencio durante toda la procesión. Un silencio que habla más que cualquier palabra, que cala y emociona.

La imagen del Cristo de la Agonía inicia entonces su recorrido. El momento cumbre de esta procesión se vive cuando la talla, portada con mimo por los cargadores, atraviesa el Arco medieval. El paso debe ser preciso, milimétrico, para que los brazos extendidos de la cruz no rocen los antiguos muros. El contraste entre la piedra centenaria y la figura del Redentor crea una escena sobrecogedora, de esas que quedan grabadas en la retina y el alma.


Con la madrugada del Viernes Santo llega uno de los episodios más conmovedores: el encuentro entre Madre e Hijo. En la confluencia de las calles Isidro Cabezas y Amargura, entre el resencio de la mañana y la quietud expectante de los penitentes, se produce ese cara a cara desgarrador entre Jesús y María. No se intercambian palabras, pero el silencio dice todo. Sus rostros tallados parecen contener una conversación profunda sobre el dolor, la pérdida y el amor infinito que los une. Un instante que invita a la reflexión más íntima.



Ya por la tarde, en las afueras de la villa, se celebra el entierro del Cristo Yacente. Junto al cementerio, la Virgen de la Soledad, con el corazón roto, acompaña a su Hijo en su último trayecto. Los cargadores, fieles al rito heredado de sus mayores, realizan las tres genuflexiones al son del grito tradicional: “¡A la una, a las dos y a las tres!”. Es un gesto ancestral que enlaza generaciones y mantiene viva la llama de la tradición.


No puede pasarse por alto la escena del Nazareno, que con paso lento y firme, se abre camino entre los fieles en torno al descendimiento. La estrechez del lugar, el peso de la imagen y la gravedad del momento, todo se conjuga para transportarnos al Vía Crucis del Señor, reviviendo su dolor en un atardecer que parece detener el tiempo.


Y como todo lo cristiano, esta historia de dolor y sacrificio encuentra su luz al final del túnel. O al principio, según se mire. En la Plaza Mayor, bajo la claridad de la mañana de Pascua, se celebra la Resurrección. Cristo resucitado es alzado ante un pueblo que lo abraza con la mirada y la fe. Es un momento de júbilo y esperanza, donde la tristeza se transforma en vida nueva. La plaza vibra con la certeza de que, tras el sufrimiento, siempre llega la luz.


Así se vive la Semana Santa en Fermoselle: con sobriedad, con respeto, con una emoción contenida que estalla en el interior de quienes la contemplan. Si deseas experimentar una vivencia auténtica, si quieres ser testigo de gestos sublimes y escenas únicas, ven a Fermoselle. Vuelve a tu casa con el espíritu renovado, con el alma más llena y el corazón más cerca de lo eterno.

lunes, 14 de abril de 2025

 MARIA DEL PILAR GARCÍA GÓMEZ

IN MEMORIAM

“Los designios de Dios son inescrutables”, hemos escuchado tantas veces esta expresión… y sin embargo, cuando el dolor nos alcanza de lleno, cuando lo inesperado nos golpea con fuerza, cuesta aceptarlo, cuesta comprenderlo. Hoy, en medio de la tristeza, nuestras mentes buscan respuestas, pero es el corazón, lleno de fe, el que debe hablar.

En esta hora de dolor, aún nos cuesta creer que nuestra querida Pilar —Mari Pili para todos nosotros— ha partido a la Casa del Padre. Se ha ido sin aviso, sin tiempo para el adiós, en un momento donde la vida le sonreía con esperanza y dicha, ilusionada por la próxima llegada de su nieta, con salud, con proyectos, con el alma encendida.

Pero Dios, en su infinita sabiduría, la ha llamado junto a Él. Y aunque nos duele, profundamente nos duele, confiamos en que su voluntad es perfecta, aun cuando no logremos entenderla.

Mari Pili fue una mujer ejemplar en todos los aspectos de su vida. Una madre entregada, una esposa fiel, una hija devota, una amiga entrañable, una cristiana de fe sencilla pero firme. Amaba a su familia con todo su ser y mantenía viva la llama de los valores que le fueron transmitidos, sobre todo el amor al prójimo y la humildad del corazón.

Fue, además, una servidora incansable en la vida social e institucional de nuestra comunidad. Durante muchos años, formó parte de la Junta Directiva de la Peña El Pulijón, asumiendo con responsabilidad y dedicación el cargo de Tesorera que heredó de su querido padre Emilio, quien ya la espera en el cielo junto a su madre Pilar. Su entrega desinteresada, su compromiso constante, su silenciosa eficacia fueron un ejemplo para todos nosotros.

Hoy queremos dar gracias a Dios por habérnosla regalado, por el privilegio de haber compartido su vida, su alegría, su compañía. Queremos también, en nombre de toda la Peña El Pulijón, expresar nuestro más profundo agradecimiento y reconocimiento por su entrega generosa y amorosa a esta institución, que tanto significaba para ella.

Mari Pili, tu familia, tus compañeros y amigos te lloramos, pero también te encomendamos a los brazos de Nuestro Señor. Estamos seguros de que ya gozas del descanso eterno prometido a los justos, y de que, desde el cielo, seguirás cuidando de los tuyos: de tu esposo, de tus hijas, y de esa nieta que, aunque no llegó a conocerte en este mundo, llevará tu luz en su alma.

Que los ángeles te reciban en la gloria. Que la Virgen María te cubra con su manto. Que tu alma descanse en paz, en la plenitud del Amor de Dios.

domingo, 13 de abril de 2025

 RESIDENCIA “CONCHITA REGOJO”

(REVISTA 50 ANIVERSARIO)

Durante muchos años, la residencia "Conchita Regojo" y la asociación "El Pulijón" forjaron una estrecha relación de colaboración y compañerismo. En especial, esta unión se fortaleció en la época en que la residencia era dirigida por las Hermanas Misioneras de la Concepción, con sor Javiera al frente. Bajo su liderazgo, se fomentó un ambiente de cercanía y solidaridad entre ambas instituciones, creando momentos inolvidables para los residentes y los peñistas.




Uno de los eventos más significativos de esta relación era la celebración de la misa funeral en la capilla de la residencia, un acto solemne en honor a los fallecidos vinculados con "El Pulijón". Esta emotiva ceremonia, que tenía lugar durante las fiestas, era un espacio de recuerdo y homenaje, donde la comunidad se reunía para rendir tributo a aquellos que habían sido parte de su historia.




Tras la misa, la tristeza dejaba paso a la alegría con la gran fiesta que reunía a residentes, voluntarios y miembros de la asociación. Entre risas y música, los bailes se convertían en un símbolo de vida y celebración.

 



Campeonatos deportivos, concursos y espectáculos de música en directo se organizaban con el único propósito de hacer más felices a quienes residían en el centro. Estos encuentros no solo ofrecían entretenimiento, sino que reforzaban el sentido de comunidad y pertenencia.




El espíritu de estos eventos sigue vivo en la memoria de quienes participaron directamente. La conexión entre la residencia "Conchita Regojo" y "El Pulijón" es un ejemplo de cómo la colaboración y el compromiso pueden marcar la diferencia en la vida de muchas personas, creando momentos que perduran en el tiempo.