lunes, 25 de enero de 2016


“A VUELAPLUMA”
“LOS ARRIBES DE FERMOSELLE” DE MIGUEL DE UNAMUNO
El genial poeta y pensador español perteneciente a la Generación del 98 nació en Bilbao el 29 de septiembre de 1.864, muriendo de un infarto cardíaco en Salamanca el 31 de diciembre de 1.936. Fue profesor, decano y tres veces rector de la gloriosa universidad de Salamanca. El gigante ibérico llenó con su obra y su acción un gran periodo de la historia de su tiempo. En 1924 fue desterrado a Fuerteventura desempeñando el cargo de Diputado en las Cortes Republicanas de 1931 a 1933.
Abarcó todos los aspectos del saber humanístico: filósofo, novelista, ensayista, dramaturgo, poeta, conferenciante y periodista.
Algunas de sus obras más importantes son: Del sentimiento trágico de la vida, Niebla, La tía Tula, Paz en la guerra, La agonía del cristianismo, Tres novelas ejemplares y un prólogo, entre otras.
Los primeros textos de Unamuno con las tierras zamoranas como centro están fechados en 1.905 y 1.906. Muchas fueron las ocasiones en que el autor de Niebla estuvo en nuestra ciudad o provincia y diversas también las que atravesó tierras zamoranas. En 1.905 él mismo nos dice que estuvo en Zamora y  Fermoselle y fruto de este viaje es su artículo “Los Arribes de Fermoselle”, publicado en Hojas Selectas de Barcelona en dicho año. La parte referida a las tierras zamoranas dice así:
“En dos ocasiones, y a distancia de cuatro años de una a otra, he visitado la Ribera y sus arribes; la una durante los Carnavales de 1.898, y la otra en los primeros días de mayo de 1.902. La primera vez entré por Masueco, la segunda por Fermoselle.
Fuimos a Fermoselle desde Zamora, Atravesando la mísera tierra de Sayago, llena de calvicies, entre enclenques robles. Según se baja hacia la Ribera, las arboledas menudean más y se hacen más lozanas y de un verde más rico, y dais vista a Fermoselle, encaramada sobre peñascos cual para ver cómo se abrazan Tormes y Duero. Diriase que han sido sus viviendas sembradas a voleo sobre los peñascos, y peñascosas a su vez. Es cosa corriente en Castilla que parezcan los pueblos brotados de las entrañas de la tierra madre, berroqueños y pardos como ella, y no fábrica de industria puesta allí por mano del hombre.
Unamuno y  su comitiva saliendo de Fermoselle (1902)
Es Fermoselle pueblo de gente ingeniosa en buscarse la vida, que se esparce por todas partes vendiendo mercancías. Jáctanse los fermosellanos de que allí se reciben cartas de las cinco partes del mundo. Sólo en Buenos Aires me han asegurado que pasan de cien los fermosellanos allí establecidos. Cuando pasamos por Fermoselle llenaba aquellos contornos con su fama el Doroteo, de fin trágico, un imitador de Juan Moreira el gaucho, el cual Doroteo murió cazado por el pueblo un día de Corpus. De él he de escribir.

De Fermoselle, por entre empinados berruecos, bajamos al Tormes para cruzarlo y pasar a Villarino. Y es inolvidable la paz inmensa de un río que discurre en lecho de piedra, entre árboles que se agarran a la roca con sus raíces. El recato del agua en estas soledades infunde pureza en quien lo mira”.

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