PANCARTA DEL PULIJÓN…AGOSTO 1985
Para comprender plenamente el mensaje que la peña El Pulijón quiso transmitir en la pancarta que desfiló durante las jornadas festivas de 1985, protagonizada por la ya recurrente dicotomía sobre la ubicación de la plaza de toros —en el Paseo o en la Plaza Mayor—, resulta conveniente acudir al testimonio de quien entonces ocupaba la alcaldía de Fermoselle.
Es el propio Hermenegildo Píriz quien, desde su condición de alcalde en aquel momento, aporta las claves necesarias para contextualizar un debate que, más allá de una simple cuestión de emplazamiento, reflejaba distintas sensibilidades y maneras de entender la celebración de las fiestas locales: “Desde mi puesto en la Alcaldía tengo que comprender las dos posturas e incluso pienso que hubiera sido muy fácil contentar a todos los vecinos si, manteniendo la plaza portátil para los espectáculos “grandes”, se hubieran instalado las talanqueras en la plaza del Ayuntamiento para correr las vaquillas y participar en las verbenas populares”.
El Pulijón así lo entendió y en el titular, con letras mayúsculas, se
recoge “PROGRESO Y TRADICIÓN” acompañado de unas imágenes del nuevo coso
metálico y de la secuencia del encierro en el momento de tomar la curva
cerradísima hacia la calle Portal del Villar siguiendo la señal vertical y la indicación
del agente de tráfico. A este respecto, Emilio García, tesorero del Pulijón
aclara en la prensa la posición de nuestra sociedad: “La tradición está en las talanqueras y, por tanto, no había que suprimirlas
de la plaza”.
A nivel de vecindario hubo opiniones para todos los
gustos. Como dato “histórico” nos queda la imagen de la plaza mayor un tanto
desabrida al trasladarse todos los festejos a la nueva plaza montada al final
del Paseo.
El programa del Ayuntamiento ofreció tres encierros
urbanos (uno con vacas), dos novilladas, un espectáculo cómico-taurino-musical
a cargo del "Platanito", varias verbenas y sendos conciertos con las actuaciones
de Manolo Escobar y “Los Chichos”.
Sobre El Pulijón trascribimos del Correo de Zamora: “El nombre de El Pulijón fue adoptado por un colectivo de hijos de la localidad, que en su mayoría trabajaba lejos del pueblo que les vio nacer. Nació así una “peña” con la intención de actuar como piedra de toque en un pueblo dormido por el cansancio y los años”.
El apartado lúdico estuvo
representado por una amplia variedad de juegos y pruebas dirigidas tanto a
niños como a mayores, mientras que la tradición encontró su mejor expresión en
el concurso de tamborileros, fiel reflejo de nuestras raíces y del rico
patrimonio etnográfico de la villa. Todo ello estuvo acompañado por animados
pasacalles que recorrieron los barrios y rincones de la localidad, llevando el
ambiente festivo a cada calle y convirtiendo la participación vecinal en uno de
los rasgos más característicos de aquellas jornadas.






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