sábado, 8 de noviembre de 2014

TODOS LOS SANTOS Y DIFUNTOS EN FERMOSELLE
Todos los Santos, el primero de noviembre, es una fiesta dedicada al recuerdo de los antepasados. En sus inicios, el cristianismo trasladó la fiesta de los difuntos a la primavera, ya que se vinculaba a la creencia en la resurrección, celebrando la fiesta de los Mártires poco después de la Pascua. Pero la fuerte tradición anterior, básicamente en los países de cultura celta, acabó devolviendo la fiesta al otoño, en forma de doble festividad. Por un lado, desde principios del siglo IX se celebra la fiesta de Todos los Santos, dedicada a todos aquellos que por su comportamiento en vida han ganado un lugar en el paraíso, el 1 de noviembre. En el siglo XI, el orden monástico de Cluny creó el día de Conmemoración de los Fieles Difuntos con el fin de rogar por todos los muertos. Popularmente, el conjunto de ambas fiestas tomó la denominación genérica de Todos los Santos.
En Fermoselle se mantiene intacta la tradición de recordar a los fallecidos en estos días otoñales. Las vísperas se dedican a arreglar y adornar con sumo esmero las tumbas de familiares o amigos. Son muy pocas las que ofrecen un ostensible estado de abandono lo que no resta a la bella estampa que ofrece el cementerio. La tarde de “Todos los Santos” el párroco preside una procesión seguida por numerosos fieles recorriendo el camposanto haciendo varias paradas para rezar los correspondientes responsos.
Nuestro cementerio, de propiedad parroquial, es de planta rectangular. Se encuentra situado a la vera de la carretera de Fermoselle a Bemposta (Portugal) a unas centenas de  metros de la villa, al final de la Portilla. Se divide en ocho cuartos o cuarteles, cada uno con su nombre: San José, San Antonio, San Isidoro. Otros están ilegibles. Para circular por él se hace a través de cuatro calles a lo largo y otras tantas a lo ancho. Dispone de tres puertas de acceso (una desde la ermita), y otra en la parte de atrás exclusivamente  para evacuar desperdicios. También dispone de dos puntos de agua.
Lo conforman sepulturas muy antiguas junto a otras nuevas, desde las más sencillas de tierra, pasando por nichos y panteones familiares de mármol o granito. En algunos de los cuarteles hacen acto de presencia los típicos cipreses. Desde hace unos años la parroquia construye nichos adosados de tres habitáculos que se adquieren con cierta rapidez.
Adosada al camposanto se levanta  la ermita de la Soledad, de estilo románico y de una sola nave. Junto a la capilla mayor se conserva una puerta originaria de curiosos modillones con cabezas humanas esculpidas que da acceso al cementerio.
Piedra saliente en la espadaña
Ermita de la soledad
La espadaña presenta una gran losa de piedra que sobresale de su sitio en el frontal prácticamente en el aire y según se cuenta fue un rayo que cayó sobre la ermita quien la movió y que por milagro no se precipitó sobre el tejado inferior.

Junto a la ermita, en el exterior,  hay varias cruces de piedra que formaban parte de un antiguo viacrucis. Hasta hace unos años recogía durante el año un Cristo  yacente articulado  del s. XVII conocido como Nuestro Señor de la Urna y que por seguridad se depositó en la parroquial de la Asunción.
Sería conveniente, entre otras mejoras, reparar el firme de las calles y las cartelas de los cuarteles.

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