EL “ABUELO” Y EL “CAÑIZO”
UNA HISTORIA DE AMOR
Se
cuenta que en los tiempos de antaño, en el coso de madera instalado en el
interior de la Plaza Mayor de Fermoselle durante las fiestas agustinianas, cohabitaban
dos elementos muy destacados por encima del resto de piezas que conforman el
habitáculo maderil. Estos dos elementos eran conocidos con cariño como el “abuelo”
y el “cañizo”, una pareja que, como dos jóvenes enamorados, se abrazaban mutuamente
cada mes de agosto para cumplir su cometido durante los festejos.
El "abuelo"
El "cañizo"
El
“abuelo”, un robusto y rudimentario madero que se anclaba firmemente en el
suelo, soportaba al “cañizo”, que giraba y giraba gracias a unos ingeniosos
artilugios que lo unían a su compañero de fatigas. Juntos, desempeñaban una labor
crucial durante las fiestas: cerraban la entrada a la plaza, resistiendo las
embestidas de los novillos y cabestros, y aguantando el peso de los mozos y la
chiquillería que, en su descanso, también se subían a su estructura. Eran parte
esencial del paisaje festivo de Fermoselle, componentes de una tradición que,
generación tras generación, se mantuvo viva en la memoria de los vecinos.

Cuando
las fiestas llegaban a su fin, el “abuelo” y el “cañizo” se retiraban juntos,
como dos viejos amigos, a descansar en unos pajares situados en el Callejón,
donde aguardaban hasta el siguiente año. Pero, como todo en la vida, el tiempo
pasa y el peso de los años comienza a hacer mella en todo lo que es viejo y
querido. Así, el “abuelo” y el “cañizo” fueron retirados por el deterioro que
sufrían tras tantas décadas de servicio. La unión que había sido tan fuerte
durante años, tanto profesional como emocional, se rompió, y ambos elementos
fueron separados, dejando un vacío en el corazón de Fermoselle.
El
“abuelo”, solitario y triste, fue colocado en una esquina del templo
parroquial, desde donde, con ojos llenos de melancolía, contempla el lugar
donde antes se erguía orgulloso, derramando lágrimas de dolor al ver cómo su
base se pudre lentamente y su madera se deteriora al estar expuesto a la
intemperie. Mientras, el “cañizo” se encuentra en la puerta del Museo
Etnográfico de Francisco J. Montero, donde se espera que forme parte del
catálogo de piezas expuestas, aunque, como el “abuelo”, sigue sin dejar de
lamentar su separación.
Nueva ubicación del "abuelo" y el "cañizo"
Ambos,
en su vejez, sienten la ausencia del uno al otro y la nostalgia de tiempos
mejores, cuando eran los protagonistas de las fiestas, los fotografiados, los
buscados por los medios de comunicación que querían retratar su simbólica
relación. El “abuelo” y el “cañizo” han sido testigos de muchos momentos
históricos de la Villa, y su separación marca el final de una era, aunque con
la esperanza de que algún día, tal vez, puedan volver a estar juntos,
abrazados, como los viejos compañeros enamorados que siempre fueron.
Las piezas actuales sustitutas del "abuelo" y el "cañizo"
Mientras
tanto, los vecinos de Fermoselle les dedicamos un sentido homenaje,
agradeciendo su legado festivo-taurómaco, con la esperanza de que su memoria
perdure. Descansad en paz, queridos amigos. Que vuestra historia permanezca
viva en el recuerdo de todos los que tuvimos la fortuna de veros en vuestro
esplendor.