sábado, 5 de septiembre de 2026

 

JAMBRINA Y MADRID FOLK LLENAN DE TRADICIÓN

LA XLI MUESTRA DE MÚSICA Y DANZA

Espectacular. Así podríamos resumir la actuación del dúo zamorano Jambrina y Madrid, que ocupó el lugar preferencial en la XLI Muestra de Música y Danza Tradicional, organizada por la Asociación Cultural El Pulijón en Fermoselle el pasado 18 de agosto.



El escenario elegido para disfrutar de esta música no pudo ser más apropiado. Entre los muros del Santuario de la Virgen de la Bandera, en el Convento, las voces de Alberto y Pablo, acompañadas de sus instrumentos, sonaron con una impecable calidad y llenaron de emoción un espacio tan cargado de historia. El numeroso público asistente pudo disfrutar de una propuesta musical de raíz, cercana y auténtica.




Porque hay músicas que no necesitan grandes artificios para emocionar. Basta con escuchar el sonido de una gaita, una dulzaina, una flauta o un tamboril para que, casi sin darnos cuenta, nuestra memoria nos lleve a otros tiempos, a paisajes conocidos, a fiestas, bailes y celebraciones que forman parte de nuestra identidad y de nuestra memoria colectiva.

Durante su actuación, Jambrina y Madrid nos ofrecieron más de una docena de ritmos tradicionales, entre ellos jotas, habas verdes, pasacalles, brincaos, foxtrots, polcas y muñeiras, entre otros. Un variado repertorio que puso de manifiesto la extraordinaria riqueza y diversidad de la música popular de estas tierras.




A esta riqueza instrumental se sumaron las voces de Alberto y Pablo, que encajan perfectamente con la propuesta. Son voces que transmiten autenticidad y que consiguen que quien escucha no sea un mero espectador, sino que se sienta partícipe de aquello que se está contando y cantando.

Una buena muestra de ello fue su interpretación de “Yo me enamoré del aire”, una de las piezas más hermosas de la tarde, en la que las voces se entrelazaron con el sonido de las cuerdas, las flautas y las percusiones, creando uno de esos momentos en los que música y emoción caminan de la mano.



Con “La pájara pinta”, la actuación adquirió un carácter todavía más ancestral. En esta ocasión, el protagonismo recayó especialmente en la gaita de fole, cuyo sonido nos trasladó directamente a ese mundo rural en el que la música estaba presente de manera inseparable en las celebraciones, en los trabajos y en las relaciones sociales.

Tampoco faltó la versión instrumental de “La Coronela”, que fue reconocida y tarareada por muchos de los fermosellanos presentes. Un momento de especial complicidad entre los músicos y el público, que demostró, una vez más, que determinadas melodías forman parte de nuestra memoria y permanecen vivas generación tras generación.




Y, como no podía ser de otra manera, también hubo un recuerdo especial para Sayago y para el último incendio que asoló la comarca. Lo hizo a través de “Gamones Torregamones”, una pieza a la que se incorporó, para esta ocasión, una estrofa dedicada especialmente a nuestra Villa:


Fermoselle, Fermoselle,

Fermoselle, Fermoselle,
tierra con vino en lagar.

El que vuelva a Fermoselle,
el que vuelva a Fermoselle,
siempre quiere regresar.

Unos versos que fueron recibidos con especial cariño por los asistentes y que resumen, en pocas palabras, ese sentimiento tan fermosellano de quien, después de marcharse, siempre termina sintiendo la necesidad de volver.

Una tarde para recordar

La actuación de Jambrina y Madrid convirtió la XLI Muestra de Música y Danza Tradicional en una tarde especialmente enriquecedora en torno al folclore y a nuestras raíces. Alberto y Pablo supieron conducirla con cercanía, conocimiento y pasión, demostrando que la música tradicional continúa teniendo un enorme poder para reunir, emocionar y mantener viva nuestra memoria.




Desde El Pulijón solo podemos agradecer a nuestros amigos Alberto y Pablo que compartieran con nosotros su música y que nos permitieran disfrutar, en un lugar tan especial como el Santuario de la Virgen de la Bandera, de una tarde en la que tradición, cultura y emoción estuvieron más unidas que nunca.

Agradecemos a E.Seco su aportación de imágenes y video.

jueves, 3 de septiembre de 2026

CUANDO INFORMAR SE CONVIERTE EN CREATIVIDAD:

LOS CARTELES DEL PULIJÓN

Hay cosas que anuncian que agosto ha llegado a Fermoselle. El movimiento en las calles, el regreso de quienes viven fuera durante buena parte del año, las conversaciones sobre lo que está por venir… y también los carteles que, poco a poco, van llenando de color nuestros espacios y poniendo nombre y fecha a cada uno de los momentos que traerán las fiestas.



Porque en Fermoselle la fiesta no comienza únicamente cuando suena la campana torera. Empieza también antes, cuando aparecen los primeros anuncios, cuando uno se detiene ante un cartel para saber qué habrá ese día y, casi sin darse cuenta, comienza a hacer planes.

El Pulijón conoce bien esa tradición y cuida especialmente su manera de comunicar todo cuanto organiza durante las fiestas patronales. Actividades culturales, gastronómicas, deportivas, folklóricas, musicales y de ocio van apareciendo de forma ordenada y cronológica para que socios, vecinos y visitantes puedan conocer qué les espera cada jornada, dentro y fuera de la asociación.

El blog del Pulijón (https://elpulijon.blogspot.com/), Facebook y WhatsApp se convierten así en una especie de pregón moderno. Por ellos circula la información y, de alguna manera, también circula la ilusión por lo que está a punto de suceder.



Pero si hay algo que hace especiales estos anuncios es su forma de presentarlos. Los carteles del Pulijón no son simples avisos. Detrás de cada uno existe un trabajo creativo y una manera muy particular de entender la cartelería.

Su autor es Alberto Gavilanes, presidente de la asociación, que año tras año pone imaginación, dedicación y muchas horas para conseguir que cada composición sea diferente. Colores, fotografías, dibujos, textos y pequeños detalles se mezclan en diseños personalizados que llevan impreso su sello personal.



El resultado son carteles alegres, originales y llenos de vida que, además de cumplir con su función informativa, consiguen transmitir algo del ambiente que se respira en Fermoselle cuando llegan sus fiestas.

Y es que un buen cartel no solo dice qué va a ocurrir. También puede despertar un recuerdo, arrancar una sonrisa o hacer que alguien piense: «Este año tampoco me lo pierdo».



Quizá por eso el Pulijón ha querido ir un poco más allá y conservar algunos de estos carteles. Los guarda con ese cuidado que se tiene por las cosas que, con el paso del tiempo, adquieren un valor especial. Algunos están enmarcados y forman parte de la exposición permanente que puede contemplarse en el espacio de usos múltiples de la asociación.



Lo que en su día fue un anuncio para una actividad concreta se convierte así, con el paso de los años, en un pequeño pedazo de nuestra memoria.

Porque detrás de cada cartel hay una fiesta, una fecha, una actividad y muchas historias. Están quienes participaron, quienes acudieron, quienes lo prepararon y quienes, simplemente, se encontraron con él en una esquina y supieron que aquel día había algo que no podían perderse.



Los carteles del Pulijón son, en definitiva, pequeños testigos de cómo hemos vivido nuestras fiestas. Una colección que crece con los años y que permite comprobar cómo han cambiado las actividades, los diseños y los tiempos, pero también cómo permanece intacta esa ilusión por anunciar, compartir y vivir juntos el mes grande de Fermoselle.




Porque las fiestas pasan, los carteles se guardan y los recuerdos permanecen. Y, quizá dentro de unos años, alguien vuelva a mirar uno de ellos y descubra que, entre sus colores y sus letras, todavía queda guardado un pedacito de aquel agosto.



lunes, 31 de agosto de 2026

 LA VIRGEN DE LA BANDERA VUELVE A SU CASA DEL CONVENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

Desde esta tarde, la Virgen de la Bandera vuelve a ocupar su lugar en la hornacina situada en el altar mayor del santuario, donde permanecerá durante el resto del año. O, como comentan algunos vecinos con esa manera tan nuestra de expresar el cariño por las cosas de Fermoselle: «Ya la hemos dejado en su casita», en el Convento de San Juan Bautista, donde es venerada y querida por los fermosellanos.

Con sumo respeto, en silencio y con la sencillez que caracteriza este momento, la imagen ha sido portada por cuatro personas que, al ritmo de la flauta y el tamboril, han marcado con seguridad y maestría un paso propio para esta ocasión. Delante de ellos, las miradas de los fieles se dirigían hacia la Madre que amamanta a su Hijo, en una hermosa representación de entrega, ternura y amor profundo. El Niño, cobijado en el regazo de quien lo quiere y protege, parece recordarnos en esta despedida que la Virgen seguirá estando ahí, velando por su pueblo.

Y bien podemos decir que este año la Virgen de la Bandera ha tenido trabajo de sobra. Nuestra Patrona ha sido, como cada año, la encargada de acompañar y proteger a los fermosellanos durante unos festejos taurinos en los que el riesgo y la emoción vuelven a darse la mano. Su manto inmaculado se convierte, para muchos, en símbolo de esa protección que se invoca antes de que comience cada festejo y que se agradece cuando todo termina felizmente.

No cabe duda de que para algo servirán las oraciones que tantos fermosellanos le dedican. Más aún cuando, en determinados momentos, algunos vecinos han estado muy cerca del peligro y alguna persona llegó a ser alcanzada por los novillos. En esas circunstancias, la mirada se dirige inevitablemente hacia la Virgen y son muchos quienes sienten que su protección ha vuelto a hacerse presente. Para los creyentes, esos momentos tienen algo de milagro; para todos, la Virgen representa esa mano protectora a la que Fermoselle se encomienda año tras año.

Conviene recordar que esta tradición ha ido adaptándose con el paso del tiempo. Antiguamente, la Virgen de la Bandera era bajada desde el Convento de San Francisco hasta la iglesia parroquial de la Asunción el Domingo de Toros. Con los años, la procesión se trasladó al domingo que da comienzo a la Semana Grande, una modificación que permite que nuestra Patrona permanezca más cerca de los vecinos precisamente cuando las calles y el coso taurino reúnen a una mayor concentración de personas.

La devoción a la Virgen de la Bandera, sin embargo, va mucho más allá de estos días grandes. Forma parte de la historia, de las costumbres y de la memoria colectiva de Fermoselle. Así queda reflejado en el folleto de la Novena a la Santísima Virgen de la Bandera, donde se recuerda que, desde muy antiguo, se celebra todos los años del 31 de agosto al 8 de septiembre, festividad del Nacimiento de Nuestra Señora, jornada en la que tradicionalmente se celebra función solemne y fiesta local en la Villa de Fermoselle.

También se conserva la antigua costumbre de sortear, entre los donantes de limosnas durante el novenario, un cuadro de la Virgen y un cordero, así como otro cuadro ampliado entre quienes, durante la recolección de aceite, contribuían con una cantidad destinada a la lámpara que luce ante su altar. Son pequeñas historias que quizá hoy nos parezcan lejanas, pero que ayudan a comprender la fuerza que esta devoción ha tenido durante generaciones.

Este año, además, se ha notado sobremanera la ausencia de fieles en algunos de los actos religiosos. Una circunstancia lógica después de unos días festivos en los que muchos de los hijos de Fermoselle que regresan cada verano tienen que emprender el viaje de vuelta a sus lugares de residencia para comenzar de nuevo ese particular «curso escolar» que nos devuelve a la rutina.

Pero marcharse no significa olvidar. La distancia no consigue borrar el recuerdo de la Virgen, de su templo, de sus fiestas ni de todas esas tradiciones que forman parte de nuestra identidad. Muchos fermosellanos llevarán consigo, allá donde se encuentren, la imagen de la Bandera y el deseo de volver a verla el próximo año.

Ahora, instalada de nuevo en su hornacina, la Virgen de la Bandera descansa en su casa. Allí permanecerá durante los próximos meses, recogiendo las plegarias de quienes se acerquen hasta ella y esperando, como una madre que aguarda a sus hijos, el regreso de todos los que un día tuvieron que marcharse.

Desde El Pulijón queremos pedir a la Excelsa Señora que siga protegiendo a Fermoselle y a todos los fermosellanos, estén donde estén, y que nos conceda la dicha de poder regresar el próximo año para volver a homenajearla, acompañarla y sentir, una vez más, que nuestra Patrona está junto a su pueblo.

Porque las fiestas terminan, las calles vuelven a quedarse tranquilas y cada uno regresa a su lugar, pero hay tradiciones que permanecen. Y entre ellas, una de las más queridas: la Virgen de la Bandera, siempre esperando a los suyos.

¡¡Viva nuestra Virgen de la Bandera!!
¡¡Viva Fermoselle!!

sábado, 29 de agosto de 2026

 SAN AGUSTÍN PONE EL PUNTO FINAL A LAS FIESTAS DE FERMOSELLE

Fermoselle puso ayer el punto final a su calendario festivo de agosto con la celebración de San Agustín, obispo de Hipona y patrón de los festejos fermosellanos, una jornada que, aunque de carácter más tranquilo que las vividas durante los días centrales de las fiestas, sirve como colofón a varias semanas de actividades, encuentros, música, tradiciones y convivencia.

En otras épocas, la festividad de San Agustín quedaba plenamente integrada en lo que todos conocemos como la Semana Grande de Fermoselle, ya que las fiestas patronales se concentraban alrededor de este día. Con el paso de los años, el calendario festivo ha ido modificándose y el santo africano había quedado prácticamente relegado a un segundo plano dentro del amplio programa de actividades.

Sin embargo, en los últimos tiempos se ha querido recuperar, al menos parcialmente, esta jornada, incorporando algunos actos sencillos que permitan mantener la vinculación de San Agustín con las fiestas fermosellanas. Así ha ocurrido este año, con una celebración religiosa en la mañana y un concierto de rock al caer la tarde.


A las doce del mediodía comenzaba en la iglesia parroquial de la Asunción la celebración de la Eucaristía, oficiada por el párroco, D. Mariano. La asistencia de fieles fue sensiblemente inferior a la registrada en los domingos y festividades de las semanas anteriores, algo comprensible después de la intensa actividad vivida durante los últimos días.

Durante su homilía, el párroco realizó una breve aproximación a la vida de San Agustín, destacando especialmente su trayectoria pastoral y su dedicación a los demás. También realizó una interesante reflexión a partir de las lecturas litúrgicas del día, buscando su aplicación y significado en una sociedad como la actual.

Finalizada la celebración religiosa, los asistentes acompañaron la imagen del santo, portada por una mujer y tres hombres, en la tradicional procesión matinal, que recorrió las calles hasta alcanzar la Plaza Mayor, para regresar posteriormente al templo parroquial de la Asunción.

Una tradición sencilla, sin grandes alardes, pero que contribuye a mantener viva la relación entre la festividad de San Agustín y las fiestas de Fermoselle.

Y después de la ceremonia religiosa llegó uno de esos momentos que forman parte inseparable de cualquier jornada festiva fermosellana: el vermú.

La mañana transcurrió con bastante tranquilidad, lejos de los grandes apretones y aglomeraciones de otras jornadas. Precisamente esa menor afluencia permitió disfrutar de un ambiente relajado y, sobre todo, acercarse a los distintos establecimientos hosteleros para probar las tapas que los bares habían preparado.

Una oportunidad para alargar la mañana, encontrarse con amigos y despedir las fiestas como corresponde: alrededor de una mesa, una barra o una terraza y compartiendo conversación.

La despedida definitiva llegó al atardecer con la música del grupo Cañoneros, que ofreció un concierto de rock en la Plaza Mayor.

El público respondió de manera muy participativa y convirtió la actuación en una agradable forma de cerrar el ciclo festivo. La música de Cañoneros consiguió, además, despertar recuerdos y sensaciones entre quienes se congregaron en la plaza, recuperando canciones y sonidos que forman parte de la memoria musical de varias generaciones.

Con el concierto se bajaba definitivamente el telón de unas fiestas que, durante buena parte del mes de agosto, han llenado Fermoselle de actividad y de visitantes.

Y llegados a este punto, cuando las calles comienzan a recuperar poco a poco su ritmo habitual, quizá sea también el momento de hacer balance y evaluar las fiestas.

Toda celebración es susceptible de mejorar. Hay aspectos que merecen ser potenciados, otros que quizá deberían revisarse y algunos que, sencillamente, convendría mantener porque funcionan y forman parte de aquello que hace diferentes las fiestas de Fermoselle.

La evaluación corresponde, evidentemente, a quienes tienen la responsabilidad de organizar y decidir sobre el calendario festivo. Pero sería deseable que esa valoración se hiciera con sosiego, escuchando a vecinos, peñas, asociaciones, hosteleros, comerciantes y participantes, y teniendo siempre presente un único objetivo: que las fiestas de Fermoselle sigan creciendo, mejorando y conservando aquello que las hace especiales.

Porque después de semanas de fiesta, toca descansar, guardar los recuerdos y empezar a pensar ya en las próximas.

Hasta las próximas fiestas. Y que San Agustín nos vuelva a reunir.

martes, 18 de agosto de 2026

 AL PULIJÓN

En el encuentro de poetas celebrado en la planta noble del Pulijón intervino, como lo viene haciendo en las XVII dediciones del “Atardecer Poético”; Eduardo Rodríguez Moset, fermosellano de adopción y de corazón. En esta ocasión uno de los poemas se lo dedicó a la peña “El Pulijón” y lo queremos, con su permiso, compartir con nuestros socios y lectores de esta página.

En Fermoselle hay una peña,
que despierta admiración,
los socios, presumen de ella.
La Gran Peña de “El Pulijón”.

Nació en Basauri, lejos del Duero,
una peña, con nombre de amor sincero.
La llamaron Pulijón, de raíz emigrante,
que mira hacia su tierra, siempre pujante.

La cultura, es su bandera,
es su estandarte el Pulijón.
Para los socios, es una estrella
que llevan guardada en su corazón.

Chisporrotea la tea encendida,
como un testimonio de siglos atrás.
Y cada paso que da en calles y esquinas,
suena, como un susurro de lo ancestral.

En Agosto, la Peña sale a la calle,
siempre en cabeza “la pez y el fuego”
marcan el ritmo, marcan la senda,
como testigos de un tiempo nuevo.

Cuando por San Agustín la villa se enciende,
la peña ofrece risa, luz, júbilo y canto,
limonada en la bodega, alegría que prende,
y al son del tamboril vuelve el encanto.

Fermoselle, hecha de piedra y de cielo,
villa de vino, aceite, canto y anhelo,
cuando en tus fiestas resuena el tambor,
la peña, siempre responde con risa y fervor.

Eduardo Rodríguez Moset

 

 ONCE MUJERES CON MUCHAS GANAS DE HACER CULTURA

¡Qué grandes son estas mujeres fermosellanas! Once mujeres valientes y aguerridas que han elegido una manera muy especial de llenar su día a día: hacer teatro. Sin miedo a enfrentarse al público y con la ilusión y el compromiso de auténticas profesionales, han convertido esta actividad en un espacio para compartir, disfrutar y, al mismo tiempo, contribuir a mantener viva la cultura en Fermoselle. Y, a decir verdad, lo están consiguiendo con creces.

En esta ocasión lo demostraron en la sala noble de El Pulijón, donde pusieron en escena la obra “El Testamento de Nacho”. Después de recorrer buena parte de Sayago y de llevar incluso su trabajo hasta la capital, llegaron a nuestra casa común con todos sus bártulos y dispuestas a ofrecernos una nueva representación.

Y lo hicieron a lo grande. El decorado, el mobiliario perfectamente adaptado a la escena, el vestuario y la caracterización de los personajes, el gracejo de sus diálogos, el dominio de los movimientos sobre el escenario y, sobre todo, la soltura con la que afrontaron cada situación, demostraron que son capaces de desenvolverse con absoluta autonomía y solvencia.

La representación fue muy bien valorada tanto por las propias actrices como por el público. El reducido tamaño de la sala, lejos de ser un inconveniente, permitió crear una especial cercanía entre las protagonistas y los espectadores, haciendo que todos viviéramos la obra de una manera mucho más próxima y participativa.

Finalizada la representación, la jornada continuó en el comedor de La Panera, donde actrices y espectadores compartieron conversación y buenos momentos alrededor de un vino español y del sabor de los tradicionales periquillos.

Desde El Pulijón queremos agradecerles de corazón el detalle de haber elegido nuestra casa para representar su obra y, sobre todo, felicitarles por la magnífica labor que están realizando en favor de la cultura y de la vida social de Fermoselle.

Sabemos que ya están preparando su próximo trabajo, así que solo podemos desearles muchos éxitos y animarlas a seguir disfrutando y haciendo disfrutar con el teatro.

¡Enhorabuena, chicas! El escenario es vuestro.