¡¡YA ESTÁ LA MADERA EN LA PLAZA!!
Las maderas, dormidas desde el pasado
mes de septiembre en pajares y corrales donde el tiempo parece transcurrir más
despacio, despiertan ahora de su largo letargo. Poco a poco van apareciendo en
la Plaza Mayor, emergiendo como las obreras de un inmenso hormiguero que,
guiadas por una sabiduría ancestral, conocen perfectamente la tarea que les
aguarda. Allí reposan ordenadas según sus dimensiones y características:
tablones, vigas, pendolones y talanqueras aguardan pacientes el momento de
ocupar el lugar que les corresponde dentro de una obra singular que se repite
cada año y que, sin embargo, nunca deja de despertar admiración.
Cada pieza tiene una función determinada. Ninguna sobra, ninguna resulta insignificante. Todas cumplirán fielmente el cometido para el que fueron concebidas, obedeciendo las indicaciones de quienes, con experiencia heredada y manos expertas, dirigen el complejo montaje. Es un trabajo colectivo donde la tradición y el conocimiento popular sustituyen a los planos y manuales, y donde la memoria de los mayores continúa guiando los pasos de las nuevas generaciones.
Desde los primeros días de junio la
Plaza Mayor se va transformando por completo. Lo que habitualmente es un
espacio abierto de encuentro y convivencia comienza a cubrirse con un entramado
de madera que ocupa toda su superficie.
Las talanqueras o puntales fundamentales ya han sido colocados, erigiéndose
como las vigas maestras que sostendrán la estructura de los tendidos. Sobre
ellas irá creciendo, día tras día, una construcción efímera pero
extraordinaria, fruto del esfuerzo común y del orgullo de todo un pueblo.
Poco a poco, ante la mirada curiosa de vecinos y visitantes, el ágora fermosellana se convertirá en un auténtico coso taurino, original como pocos pueden encontrarse en nuestra geografía. No se trata únicamente de una plaza para la celebración de festejos taurinos; es mucho más que eso. Es el escenario principal donde convergerán actos, galas, encuentros, celebraciones y momentos de convivencia que darán vida a las fiestas estivales. En torno a ella girará buena parte de la actividad social de la Villa durante los días más esperados del verano.
Cuando llegue agosto y los tendidos estén completamente terminados, las gentes de Fermoselle ocuparán cada rincón de esta singular construcción con la naturalidad de quien regresa a su hogar. Desde allí compartirán conversaciones, recuerdos, chascarrillos y anécdotas acumuladas durante todo un año. Volverán a encontrarse familiares, amigos y vecinos; se renovarán vínculos y se fortalecerá ese sentimiento de pertenencia que caracteriza a quienes aman esta tierra.
Porque esta plaza de madera no es únicamente una estructura levantada para unas fiestas. Es un símbolo vivo de la identidad fermosellana. En cada tablón y en cada viga se encuentran reflejados el esfuerzo, la ilusión y el legado de quienes nos precedieron. Constituye una parte esencial del patrimonio inmaterial de la Villa, una herencia que nuestros antepasados supieron conservar con esmero y que han transmitido hasta nosotros para que continúe formando parte de nuestra historia colectiva.
Este rincón popular, que rezuma
fermosellanismo por todos sus poros, representa la unión entre pasado y presente.
Es la prueba palpable de que las tradiciones sobreviven cuando una comunidad
las siente como propias y las mantiene vivas con orgullo. Por ello, más allá de
su utilidad festiva, la plaza de madera merece ser contemplada como un
monumento a la memoria compartida, un símbolo imperecedero que recuerda quiénes
somos y de dónde venimos, y que merece permanecer presente en el corazón de
todos los fermosellanos durante cada día del año.





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