SAN AGUSTÍN PONE EL PUNTO FINAL A LAS FIESTAS DE FERMOSELLE
Fermoselle
puso ayer el punto final a su calendario festivo de agosto con la celebración
de San Agustín, obispo de Hipona y
patrón de los festejos fermosellanos, una jornada que, aunque de
carácter más tranquilo que las vividas durante los días centrales de las
fiestas, sirve como colofón a varias semanas de actividades, encuentros,
música, tradiciones y convivencia.
En otras
épocas, la festividad de San Agustín quedaba plenamente integrada en lo que
todos conocemos como la Semana Grande
de Fermoselle, ya que las fiestas patronales se concentraban alrededor
de este día. Con el paso de los años, el calendario festivo ha ido
modificándose y el santo africano había quedado prácticamente relegado a un
segundo plano dentro del amplio programa de actividades.
Sin embargo,
en los últimos tiempos se ha querido recuperar, al menos parcialmente, esta
jornada, incorporando algunos actos sencillos que permitan mantener la vinculación
de San Agustín con las fiestas fermosellanas. Así ha ocurrido este año, con una
celebración religiosa en la mañana y un concierto de rock al caer la tarde.
A las doce
del mediodía comenzaba en la iglesia parroquial de la Asunción la celebración
de la Eucaristía, oficiada por
el párroco, D. Mariano. La asistencia de fieles fue sensiblemente inferior a la
registrada en los domingos y festividades de las semanas anteriores, algo
comprensible después de la intensa actividad vivida durante los últimos días.
Durante su
homilía, el párroco realizó una breve aproximación a la vida de San Agustín, destacando especialmente
su trayectoria pastoral y su dedicación a los demás. También realizó una
interesante reflexión a partir de las lecturas litúrgicas del día, buscando su
aplicación y significado en una sociedad como la actual.
Finalizada
la celebración religiosa, los asistentes acompañaron la imagen del santo, portada por una mujer y tres hombres, en la
tradicional procesión matinal,
que recorrió las calles hasta alcanzar la Plaza Mayor, para regresar
posteriormente al templo parroquial de la Asunción.
Una
tradición sencilla, sin grandes alardes, pero que contribuye a mantener viva la
relación entre la festividad de San Agustín y las fiestas de Fermoselle.
Y después de
la ceremonia religiosa llegó uno de esos momentos que forman parte inseparable
de cualquier jornada festiva fermosellana: el vermú.
La mañana
transcurrió con bastante tranquilidad, lejos de los grandes apretones y aglomeraciones
de otras jornadas. Precisamente esa menor afluencia permitió disfrutar de un
ambiente relajado y, sobre todo, acercarse a los distintos establecimientos
hosteleros para probar las tapas que los bares habían preparado.
Una
oportunidad para alargar la mañana, encontrarse con amigos y despedir las
fiestas como corresponde: alrededor de una mesa, una barra o una terraza y
compartiendo conversación.
La despedida
definitiva llegó al atardecer con la música del grupo Cañoneros, que ofreció un concierto de rock en la Plaza Mayor.
El público
respondió de manera muy participativa y convirtió la actuación en una agradable
forma de cerrar el ciclo festivo. La música de Cañoneros consiguió, además,
despertar recuerdos y sensaciones entre quienes se congregaron en la plaza,
recuperando canciones y sonidos que forman parte de la memoria musical de
varias generaciones.
Con el
concierto se bajaba definitivamente el telón de unas fiestas que, durante buena
parte del mes de agosto, han llenado Fermoselle de actividad y de visitantes.
Y llegados a
este punto, cuando las calles comienzan a recuperar poco a poco su ritmo
habitual, quizá sea también el momento de hacer balance y evaluar las fiestas.
Toda
celebración es susceptible de mejorar. Hay aspectos que merecen ser
potenciados, otros que quizá deberían revisarse y algunos que, sencillamente,
convendría mantener porque funcionan y forman parte de aquello que hace
diferentes las fiestas de Fermoselle.
La evaluación
corresponde, evidentemente, a quienes tienen la responsabilidad de organizar y
decidir sobre el calendario festivo. Pero sería deseable que esa valoración se
hiciera con sosiego, escuchando a vecinos, peñas, asociaciones, hosteleros, comerciantes y
participantes, y teniendo siempre presente un único objetivo: que las fiestas de Fermoselle sigan
creciendo, mejorando y conservando aquello que las hace especiales.
Porque
después de semanas de fiesta, toca descansar, guardar los recuerdos y empezar a
pensar ya en las próximas.
Hasta las próximas fiestas. Y que San Agustín nos vuelva a reunir.