domingo, 9 de agosto de 2026

 SAYAGO, NO TE RINDAS

Al  hilo del post anterior, nuestro socio Alejo nos envía su reflexión para rematar el lamentable tema del  incendio.  Con ese sentido  animoso que le caracteriza nos deja la esperanza de que la vida volverá a Sayago. Amigo Alejo, espero otras colaboraciones. Muy agradecido.

“Sayago abrasado

Lágrimas negras;

Pueblos buenos, tranquilos;

Formariz, Palazuelo,

Fornillos, Mámoles,

Pinilla, Fermoselle,

Cuantos otros…

Tragedia inmerecida

Dolor y angustia,

Mantener la esperanza

El paisaje negro

Mudara en verde

Volverán las jaras

El cantueso, la retama

El tomillo y el laurel.

Mudara a su hábitat

La fauna silvestre

Pájaros, rapaces

Perdices y conejos

Volverán…

Sayago no te rindas

Tu gente recia

Te salvará.

 SAYAGO, NO TE VAYAS: TE NECESITAMOS

Sayago, ennegrecido y desolado, llora lágrimas de sangre. Su tierra quemada transmite un sufrimiento difícil de reparar. Sayago vive en tinieblas, atrapado en una realidad de desesperanza y sumido en la desconfianza, mientras espera una mano amiga que quizá nunca llegue.


Y en una situación tan caótica, ¿cómo consolar al vecino de Mámoles que, desde su balcón, casi pegado a la iglesia, pierde su mirada en el horizonte y contempla, impotente, el desastre que se abre ante sus ojos? ¿Cómo explicar al labrador de Palazuelo de Sayago que su palomar, recién restaurado, haya quedado reducido a escombros por unas llamas incontrolables y caprichosas? ¿Qué decirle a la anciana que, protegida apenas por su sombrero de paja, camina casi sin rumbo buscando un par de ovejas que constituían su sustento diario? ¿Cómo aliviar el dolor de la ganadera de Fermoselle que contempla entre lágrimas sus alpacas convertidas en pavesas en cuestión de minutos?

¿Cómo hablarles de futuro a todas estas gentes de esa llamada “España Vaciada”, un término acuñado hace apenas unos años para describir una realidad que Sayago conoce desde hace más de un siglo?

Porque aquí la diáspora comenzó mucho antes. A principios del siglo XX, muchos sayagueses emprendieron camino hacia “las Américas”. Después, en los años sesenta, llegaron las grandes oleadas migratorias hacia los países europeos y hacia otras zonas de España donde las economías florecían y había oportunidades de trabajo. Familias enteras abandonaron sus pueblos en busca de una vida mejor.

Y nunca, nunca se pusieron los medios suficientes para detener aquella sangría.

Lo mismo que ha ocurrido durante décadas vuelve a repetirse ahora, agravado por una tragedia que ha puesto al límite a toda la comarca. Formariz, Palazuelo de Sayago, Mámoles, Fornillos, Pinilla, Fermoselle y tantas otras localidades han visto cómo un incendio voraz estaba a punto de engullirlas de una tacada.



No buscan un Sayago vaciado. Lo están dejando morir.

Y, para remate, aparece el gerifalte de turno declarando ante los medios, con una tranquilidad que resulta insultante, que “tiene que verse con normalidad cortar una zarza o un árbol”.

¡A buenas horas, mangas verdes!

Después de años de restricciones, prohibiciones y normas muchas veces alejadas de la realidad de quienes viven y trabajan en el campo, ahora descubrimos que había que actuar sobre la vegetación. ¿Ahora? ¿Después de que las llamas hayan arrasado nuestros campos, nuestros montes, nuestros animales y el esfuerzo de generaciones?

¡Pura desvergüenza!

Por eso invito al responsable de Agricultura a que, por unos días, traslade su confortable despacho a cualquier rincón de este Sayago herido. Que se siente aquí. Que camine por sus caminos. Que contemple lo que queda.

Que disfrute —si todavía es posible— del paisaje de los cantuesos, las jaras, los alcornoques, las encinas, las retamas y unos olivos que, en algunos lugares, parecen haber desaparecido por arte de magia.

Que respire profundamente.

Que se empape de los aromas que flotan en el aire y que ahora se mezclan con el olor de la ceniza y se quedan pegados a la ropa.

Y que, desde aquí, desde nuestra tierra, se pregunte qué habrá sido de la flora y de la fauna de este Sayago. Que descubra, quizá por primera vez, una tierra que posiblemente muchos de quienes toman decisiones jamás hayan pisado.

Después, que invite al resto de sus acomodados compañeros, de todos los niveles y administraciones, a hacer lo mismo.

Que vengan. Que vean. Que escuchen. Que recojan con sus propias manos la sangre ennegrecida de un Sayago que se muere entre la incompetencia, la pasividad y el abandono de quienes se proclaman elegidos por el pueblo, pero que demasiadas veces parecen olvidar que fueron elegidos para servirlo.

Que se acerquen aquí. A mi Sayago. A tu Sayago. A nuestro Sayago.

No son momentos para palabras huecas ni para discursos vacíos de contenido. La situación es insostenible.Los vecinos no quieren lamentaciones.

 Exigen hechos. Exigen medidas concretas para que la pobreza de esta tierra pueda transformarse en oportunidades, en riqueza, en empleo y en futuro. Exigen soluciones reales, duraderas y, sobre todo, inmediatas. Hoy. No mañana. Porque mañana, como tantas otras veces, quizá ya sea demasiado tarde y las promesas vuelvan a olvidarse.

Y que no nos vengan ahora vendiendo que vivimos en un paraíso al que han concedido pomposos títulos de Parque Natural y Reserva de la Biosfera. Que se guarden esas titulaciones si no sirven para mejorar la vida de quienes habitan esta tierra. Porque Sayago no necesita más etiquetas. Sayago necesita vida.

Necesita que dejen trabajar a sus agricultores y ganaderos. Necesita cuidar sus montes y sus campos. Necesita población, servicios, oportunidades y futuro. Necesita que quienes toman decisiones comprendan que conservar un territorio no significa abandonarlo a su suerte, sino permitir que quienes lo habitan puedan vivir dignamente de él.

Dejen en paz a sus vecinos, sí, pero no para que sobrevivan resignados, sino para que, cuando pasen los años, puedan volver a disfrutar de estos parajes como lo hicieron cuando eran niños.

Porque, a pesar de la pobreza y de las miserias que siempre acompañaron a esta tierra, aquellos niños eran —o intentaban ser— dichosos.

Era otro Sayago. Un Sayago pobre, sí. Sayago humilde. Pero un Sayago vivo. Un Sayago donde se podía respirar, trabajar, convivir y descansar. Hoy, después del fuego, solo queda una pregunta que nos golpea por dentro:

¿Qué Sayago queremos dejar a nuestros hijos?

Yo lo tengo claro. No quiero un Sayago vacío. No quiero un Sayago abandonado. No quiero un Sayago convertido en un recuerdo. Quiero un Sayago vivo, cuidado, respetado y con futuro.

Por eso, hoy más que nunca, lo proclamo alto y claro, con el corazón roto pero con la esperanza todavía intacta:

""SAYAGO, NO TE VAYAS. TE NECESITAMOS.""

sábado, 8 de agosto de 2026

 EL TOQUE DE LA CAMPANA:

 FERMOSELLE VUELVE A LATIR

Todo vuelve a la triste normalidad. Si hace exactamente, es decir, el día 1 de agosto se suspendió por parte del consistorio el tradicional toque de la Campana Torera debido al pavoroso incendio que acababa de devorar buena parte del territorio del arribanzo, ahora es el propio ayuntamiento quien convoca a la ciudadanía a reunirse en la plaza mayor y en la de Santa Colomba para celebrar tal acontecimiento


Y así debe de ser ya que hay tradiciones que resisten el paso del tiempo porque no pertenecen al calendario, sino al corazón. Como cada año, en este caso con unos días de retraso, se repite el mismo instante: las doce de la mañana; el ocho de agosto; el mismo escenario, la Plaza Mayor; el mismo protagonista, la Campana Torera del Ayuntamiento; el mismo campanero, Emilio (que este año y como novedad, después de finalizar el toque tras 12 minutos sin parar, nos deleitó con un brevísimo repique –me dice- “como propina”); el mismo propósito, anunciar el comienzo de las esperadas fiestas patronales de San Agustín. Y todos esos elementos, tan sencillos y a la vez tan cargados de simbolismo, se funden en un sentimiento profundo que solo los fermosellanos pueden comprender en toda su dimensión.

Se dice que, a esa hora exacta, todos los hijos de Fermoselle, los que viven en la villa y los que un día partieron buscando nuevos horizontes, dejan por un momento lo que están haciendo y regresan con el pensamiento a su pueblo. Las distancias desaparecen. El sonido metálico y vibrante que nace en lo alto de la torre del Ayuntamiento parece recorrer caminos, ciudades y países a la velocidad de la emoción hasta colarse en los hogares de quienes nunca han dejado de querer a su patria chica.

Porque Fermoselle no es solo un lugar al que se vuelve. Es un sentimiento que nunca se abandona.

Y la tradición, fiel a sí misma, vuelve a cumplirse. La Plaza Mayor se llena de vecinos, visitantes y fermosellanos llegados de todas partes. Todos miran hacia la fachada del Ayuntamiento, casi desafiándola con la vista, aguardando la aparición del campanero. El silencio se adueña de la plaza. Apenas se escucha un murmullo contenido. Los rostros reflejan emoción, las miradas permanecen clavadas en lo alto y la respiración parece detenerse por unos segundos.

Entonces ocurre. Las manos del tañidor comienzan a mover el badajo de la campana con un ritmo frenético, poderoso, inconfundible. El tan, tan, tan... rompe el silencio y estalla sobre la plaza como un auténtico pistoletazo de salida. Es un sonido que no solo se escucha: se siente. Vibra en las piedras centenarias, rebota en los balcones, atraviesa las calles y se instala directamente en el corazón de quienes lo esperan durante todo un año.

La emoción contenida se transforma inmediatamente en aplausos, abrazos, sonrisas y lágrimas discretas. Se cruzan felicitaciones, se alzan los brazos, suenan los primeros vivas y la alegría se desborda. Las fiestas ya están aquí. Fermoselle vuelve a encontrarse consigo mismo. Aunque con una herida que se encuentra en yagas.

Esta situación, es verdad que mucho más moderna, se repite entre el vecindario de la Plazuela con el mismo ritual.

Pocas tradiciones conservan tanta autenticidad. No hay artificios, ni grandes montajes, ni efectos especiales. Solo una campana, un campanero, una plaza repleta de ilusión y un pueblo entero compartiendo el mismo sentimiento. Un espectáculo gratuito, sencillo y, precisamente por eso, irrepetible. Una ceremonia que cada fermosellano guarda en su memoria como uno de los momentos más intensos del año.


Este año no hubo reparto de los “Libros de Fiestas” pues se inició unos días antes.

Así es Fermoselle. Todo permanece igual porque hay cosas que no deben cambiar nunca. La campana vuelve a cumplir con su misión, despierta la emoción dormida durante meses y, desde lo más alto de la torre del Ayuntamiento, saluda a su pueblo e invita a vivir, un año más, las fiestas de San Agustín y parece decir:

“Y mientras suene la campana,
Fermoselle vivirá;
porque un pueblo que no olvida
jamás dejará de soñar.”

Que el sonido de la campana siga siendo, por muchos años, el latido que reúne a todos los fermosellanos, estén donde estén.

Desde El Pulijón os deseamos unas muy felices fiestas de San Agustín. Que la alegría, el reencuentro, la tradición y el orgullo de ser fermosellanos llenen estos días de momentos inolvidables. ¡Felices fiestas!

martes, 4 de agosto de 2026

 EL FUTURO DEL PULIJON TAMBIÉN SUENA A PIANO

¿Qué puede imaginar uno cuando comienza a escuchar los primeros acordes de La Coronela? Quizá evoque recuerdos de Fermoselle, de nuestras fiestas, de tradiciones que han pasado de generación en generación o de tantos momentos compartidos bajo el color azul celeste del Pulijón. Pero si, además, al levantar la vista descubres que quien interpreta la pieza lleva con orgullo el chaleco de nuestra asociación, la emoción se multiplica.

Eso fue exactamente lo que sentí al ver a Carla, una joven fermosellana de tan solo 14 años, hija de Sonia y José Luis, socios del Pulijón desde hace años. En ese instante pensé que el futuro de nuestra asociación está asegurado, porque sigue creciendo con la fuerza de la juventud y con unas raíces profundamente arraigadas en la historia de nuestra peña.

Ver a Carla sentada al piano, interpretando con una sensibilidad extraordinaria y una técnica admirable, mientras viste los colores del Pulijón, es una imagen difícil de olvidar. No solo transmite ilusión y talento, sino también el orgullo de pertenecer a una familia que ha vivido y sentido esta asociación durante generaciones.

Su interpretación demuestra una madurez musical impropia de su edad. Cada nota refleja horas de estudio, esfuerzo y dedicación, pero también una pasión que solo poseen quienes viven la música de verdad. Todo apunta a que estamos ante una joven con un brillante futuro por delante y con todas las cualidades para convertirse en una destacada pianista en el panorama musical.

Pero la historia de Carla no empieza con ella. Detrás existe una familia estrechamente vinculada al Pulijón desde sus primeros años de vida.

Su bisabuelo, Manolo, fue uno de aquellos socios pioneros que hicieron posible el sueño de levantar la sede de nuestra asociación. Con su trabajo, esfuerzo y entrega contribuyó decisivamente a construir el edificio que hoy sigue siendo el punto de encuentro de generaciones de pulijoneros. En reconocimiento a aquella labor, el Pulijón le rindió un merecido homenaje que permanece para siempre en una placa situada en el arco del asador, acompañada de varias fotografías que recuerdan su figura y su compromiso con la asociación.

La tradición familiar continúa con su abuelo José, siempre dispuesto a echar una mano cuando es necesario realizar mejoras, reparaciones o reformas en nuestras instalaciones. Su trabajo, es otra muestra de ese compromiso que tantas familias han mantenido con el Pulijón a lo largo de los años.

Y ahora es Carla quien recoge ese testigo, no con herramientas de albañil ni con obras de mantenimiento, sino a través de la música. Cada generación aporta lo mejor de sí misma, y ella lo hace regalándonos su talento y demostrando que las nuevas generaciones siguen sintiendo el Pulijón como algo suyo.

Por eso, desde estas líneas, queremos decirle que en el Pulijón siempre tendrá su escenario preparado. Estamos convencidos de que llegará el día en que podamos disfrutar de un concierto suyo en nuestra sede, compartiendo con todos los socios ese extraordinario talento que ya comienza a florecer y que, sin duda, seguirá creciendo con el paso de los años.

Porque el futuro de una asociación no solo se construye con edificios, actividades o tradiciones; también se construye con personas como Carla, que representan el relevo generacional y mantienen vivo el espíritu del Pulijón.

¡Enhorabuena, Carla! Estamos muy orgullosos de ti y deseamos que nunca dejes de soñar, de tocar y de llevar con orgullo el azul celeste del Pulijón allí donde la música te lleve.

 EL PULIJÓN PRESENTA 

SU “SAN AGUSTÍN 2026”

Ha llegado el momento en el que la Asociación Cultural “El Pulijón” hace público el programa de actividades que ofrecerá durante el periodo de las fiestas patronales de “San Agustín 2026” comprendido entre los días 14 y 24 de agosto, ambos incluidos.

A finales del mes de julio su presidente Alberto Gavilanes, en carta dirigida, como es habitual, al conjunto de socios, exponía de forma concisa las actividades a las que nos referimos, con estas palabras: “Nuestro programa vuelve a estar repleto de propuestas para todos los gustos: disfrutaremos de la XLI Muestra de Música y Danza Tradicional, compartiremos mesa en nuestras meriendas, celebraremos la Asamblea General, asistiremos al teatro, acompañaremos a nuestros mayores en la Residencia, viviremos un nuevo Atardecer Poético y la presentación del libro “Pasillo Azul”. Tampoco faltarán la ruta medioambiental, los talleres para pequeños y mayores, el café cultural, el desfile de peñas, la Carrera Popular Solidaria, los encierros infantiles, el recorrido por las peñas fermosellanas y, como broche final, el siempre animado vermú charanguero con nuestros Atronadores del Pulijón.”

Como se puede observar es una propuesta que se enmarca en muy diversos campos de actuación: cultura, deporte, ocio, gastronomía, folclore, tradiciones, etc. Es un programa muy completo que abarca a todos los segmentos de edades y están adaptados a todos los gustos,  por lo que esperamos una participación directa, bien como participantes o como simples espectadores.

Un año más ha sido inconmensurable  nuestro empeño y esfuerzo, sobre todo económico, en ofrecer desde esta  Asociación una batería de actividades tan completa y todas gratuitas.

Desde aquí  invitamos, a fermosellanos y forasteros, a consultar el programa que aparece en los carteles  para así optar por aquello que más os apetezca. En días sucesivos de desgranarán otros aspectos correspondientes a cada jornada.

¡¡Felices fiestas de San Agustín 2026!!

lunes, 3 de agosto de 2026

EXHIBICIÓN DE PANCARTAS EN LA PLAZA MAYOR

En Fermoselle nos encontramos con muy diversos signos festivos. Uno de los últimos en incorporarse con cierta firmeza a estas fechas agosteñas es el que distingue a cada una de las pandas y peñas que durante los días grandes de la feria de San Agustín se hacen visible por las calles y a las entradas de sus centros de reunión. 

Pero hay algo más, sobre la balaustrada que protege la zona de los tendidos en la plaza mayor, en la que ya se ha montado el coso taurino de madera desde donde se pueden seguir todos los espectáculos de todo tipo que en él se celebran, se han extendido una cuarentena de lienzos con el nombre de cada una de las peñas. Por cierto algunas con denominaciones un tanto llamativas construidas con el prefijo “-des” y que presentan tonos jocosos. Todas sean bienvenidas y con felicitación, desde El Pulijón, para todos sus componentes.


Es cierto que ahí figuran enhiestas y multicoloridas sin miramiento de número de componentes, de indumentaria, de  edades. Pero están generando una sensación de unión compartida, de alegría, de proximidad de los días “grandes” en los festejos patronales de Fermoselle.

Es algo espectacular asomarse a la plaza mayor a través de la calle principal por la que acceden los novillos durante los encierros  y encontrarse  con una circunferencia que obliga a girar 300 grados para ver la totalidad del  conjunto.

También nuestra peña del PULIJÓN muestra la suya

domingo, 2 de agosto de 2026

 ME CONFUNDÍ

Iluminada Ramos, reconocida escritora fermosellana nos cede esta reflexión sincera y real en la que crea un paralelismo entre sus recuerdos de infancia en la casa de sus abuelos y la actualidad, entre, a modo de juego de palabras, SE ME OLVIDABA y DÓNDE, haciendo una proyección sobre lo que acaba de ocurrir estos últimos días en Fermoselle y en Sayago…el fatídico incendio. Creo que merece ser leído y meditado por quienes han vivido en directo esa situación y los que la han seguido a través de los medios de comunicación. Aquí la dejo:


“¿Qué sería de aquellos que se fueron, si, como decimos siempre, ”levantaran la cabeza”? Tenemos hogares, que no casas, donde...

Se me olvidaba deciros que, a la derecha, en el portal, y detrás de una mesa de madera vieja y faldillas deshilachadas, al calor del brasero de cisco, se encontraba la despensa donde mi abuela guardaba los huevos que ponían las gallinas en la cortina de enfrente, al lado del estiércol...

 ¡Ah! Se me olvidaba que el burro y la mula y los cerdos estaban a continuación del portal, de frente, según se entraba en casa.

Allí se generaba el estiércol que se sacaba cada día al montón, junto al gallinero.

Allí hacían los excrementos los "humanos"

Sus necesidades, pero se nos ha olvidado que el hombre tiene que respirar.

¡Ah! Se me olvidaba que, en la casa de mis abuelos, al lado de la cuadra dormía yo, con mi tía Vicenta y con mis primos y primas, al calor de la respiración del burro y de los cerdos.

¡Ah! Perdón, me olvidaba deciros que antes de salir a la calle, y por ese portal que también entraban los animales había una pila de piedra donde se lavaba la ropa cuando no podíamos ir al regato de los Olivicos o al Puentico porque el burro y la mula se los había llevado el abuelo Ramón a Ballongo o a las Muelas, o se habían acercado al sillón del cura, en Pinilla, o, o, o, para poder hacer la colada con el jabón que hizo la abuela al calor de la chimenea, en un caldero de cobre.

¡Ah! Se me olvidaba deciros que Sayago tiene casas (o tenía), que para llegar a ellas se pasa por el corral, donde, a la izquierda, están los aperos y los alimentos para los animales, y a la derecha, las ovejas, las vacas, las cabras y los cerdos que proporcionaban el alimento para todo el año.

¡Ah! También olvidaba que los niños de Sayago a los seis y ocho años salían con sus padres y abuelos a las canteras naturales para sacar piezas de piedra seca para hacer los paredones majestuosos que rodean Sayago entero. Allí dejaron las manos marcadas para toda la vida.

Más aún cuando el bisabuelo pasaba por los parajes sayagueses.

"No me gusta la piedra, apuntaba, porque me tocó trabajar toda la vida con ella entre mis manos"


Qué abrumador que un hombre después de una vida de 90 y tantos años, suplique, en sus facciones el descanso que no tuvo, ni siquiera en su infancia.

Por cierto, se me olvidaba deciros que metí paja en saco de argeo, después de que mi padre la descargara delante del pajar en los Barrancos, y vaya que picaba en mis manos de niña de 7 años.

Quería recordar y no podía, cuando estaba en casa de la abuela sentía las herraduras de mula llegar por las Peñas y acudía corriendo para que me montara encima de ella y me diera un cevico hasta llegar a la casa, unos 20 metros de cevico.

Luego cogía el fardel y el chorizo, el jamón o el queso... "sudaos" de todo el día... y sabían a gloria bendita.

Se me estaba olvidando.

Ya no me acuerdo.

Recordaré en algún momento.

NO QUIERO OLVIDAR.

No te quiero olvidar Sayago.

No quiero que mi mente se borre de un plumazo.

¿Dije plumazo?

Perdón. Me confundí.

No quiero que las "LAMAS" que recorren en estos momentos MI Sayago borren mis recuerdos.


¿Dónde quedó la puerta con postigo de mi casa?

¿Dónde está el arado de madera, el trillo ancestral?

¿Dónde han quedado los enseres, las vivencias y las fotos?

¿Dónde?

 ¿Dónde quedaron las manos arrugadas del abuelo y los paños de ganchillo de la abuela?

¿Dónde?

¿Dónde está el olivo centenario de 100 años y la encina y sus bellotas?

¿Dónde están los almendros y las cepas retorcidas?

¿Dónde?

No quiero que, desde nuestro poco saber, podamos ver la realidad de Sayago ardiendo y que los que, SI saben desde su gran tranquilidad, discutiendo si SI, o si NO nos dejen olvidados.

Otra vez escribí la palabra equivocada.

Era: Nos dejen arder como la Tea en medio de un mundo que sigue caminando entre desastres.

¿Caminaremos al fin de algún calvario o salvaremos la vida de esta historia?”

 Iluminada Ramos

(Iluminada Ramos presentará su último libro "Pasillo Azul" el día 17 de agosto, a las 8 de la tarde, en la sala de usos múltiples de la Asociación Cultural "El Pulijón")


 

sábado, 1 de agosto de 2026

 Y NO SONÓ LA CAMPANA TORERA

Se han cumplido las 12 de la mañana del día 1 de agosto de 2026 y no sonó la Campana Torera de Fermoselle. Quedó enmudecida por el dolor justiciero que Vulcano, Dios del Fuego, le ha infringido sin pasión a todo un pueblo que en estos momentos se encuentra conmovido con lo que ha ocurrido en los últimos días.


Ya lo anunció el consistorio con un comunicado que la Peña El Pulijón aplaude, apoya y asume por lo oportuno y acertado que es. En él se nos anunció que:”Debido a la grave situación provocada por el incendio forestal que afecta a nuestro municipio y a buena parte de la comarca de Sayago desde el pasado 29 de julio, y ante la incertidumbre sobre su evolución, QUEDAN SUSPENDIDOS LOS ACTOS PREVISTOS PARA MAÑANA DÍA 1 DE AGOSTO, ENTRE ELLOS EL TRADICIONAL REPIQUE DE LA CAMPANA TORERA, que anuncia el inicio de nuestras fiestas de San Agustín, ASÍ COMO LA ENTREGA DEL LIBRO PREVISTA PARA ESE MISMO DÍA…en estos momentos entendemos que no procede celebrar actos festivos. Es tiempo de estar al lado de quienes han sufrido las consecuencias de este devastador incendio, de apoyar a las personas afectadas y de reconocer el extraordinario trabajo de todos los profesionales que continúan luchando contra el fuego…Confiamos en que la situación pueda normalizarse lo antes posible y que, cuando las circunstancias lo permitan, podamos volver a encontrarnos para celebrar aquello que hoy debemos posponer.

Hoy los fermosellanos nos hemos sentido, hasta cierto punto, humillados por los que desde las instancias superiores deberían velar por la seguridad y el bienestar de estas zonas que se encuentran deprimidas durante todo el año. Confiamos, les pedimos y les exigimos que así sea de una vez por todas, aunque la duda penderá sobre nuestras cabezas como espada de Damocles.

A las 12 de la mañana, como se muestra en el audiovisual que mi nieto Tadeo, un niño con raíces en este terruño, ha captado desde la mismísima plaza mayor. Sin gente, sin alboroto, en un silencio absoluto, el reloj del ayuntamiento cumplió con su obligación de dar las 12 campanadas, pero a continuación siguió el silencio solo roto por un “Viva San Agustín” que lanzó con energía uno de los pocos espectadores  que allí se encontraban.

Un día triste y una fecha lastimosa para recordar. Fermoselle y sus vecinos superarán con esfuerzo y tesón lo ocurrido. Pues... la  VIDA SIGUE.