EL FUEGO VUELVE A HERIR EL ALMA DE LOS ARRIBES
Los malos
hados del destino vuelven a cebarse con la comarca de los Arribes y, de manera
muy especial, con Fermoselle. Uno de esos hados temibles tiene nombre propio:
el fuego. Un enemigo que regresa una y otra vez para recordarnos la enorme
fragilidad de un territorio tan bello como castigado.
El dios Vulcano se ha mostrado nuevamente implacable con estas tierras del oeste zamorano. A la constante pérdida de población, al envejecimiento de nuestros pueblos y al abandono progresivo del medio rural, se suma ahora la destrucción de aquello que durante generaciones fue fuente de vida y de riqueza. Una riqueza modesta, sí, pero suficiente para mantener familias, cuidar el paisaje y conservar un patrimonio natural que hoy contemplamos con el corazón encogido.
No nos dan
respiro.
Siempre hemos considerado los Arribes como un auténtico vergel, un espacio privilegiado cuya extraordinaria riqueza paisajística ha sido reconocida con figuras de protección tan importantes como el Parque Natural de Arribes del Duero y la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Meseta Ibérica. Sin embargo, junto a esos merecidos reconocimientos, la realidad del monte nos devuelve una imagen preocupante: extensas zonas abandonadas, vegetación seca acumulada durante años y una falta evidente de gestión que convierte cualquier chispa en una amenaza de consecuencias imprevisibles.
Cuando el
fuego encuentra un territorio así, alimentado además por las altas
temperaturas, la sequedad y el viento, detenerlo se convierte en una batalla
desigual. Y mientras las llamas avanzan, miles de vecinos vivimos pendientes de
una llamada, de una noticia o de un cambio en la dirección del viento,
esperando casi un milagro que ponga fin a esta nueva pesadilla.
Algo tendrá que hacerse. Y habrá que hacerlo desde todos los ámbitos: administraciones, instituciones y sociedad. No basta con lamentarse cuando el incendio ya está declarado. La verdadera lucha comienza mucho antes, con la prevención, la limpieza y el aprovechamiento racional del monte, recuperando, en la medida de lo posible, ese equilibrio que durante siglos mantuvieron agricultores, ganaderos y vecinos con su trabajo diario.
Es fácil
buscar explicaciones generales o recurrir a grandes debates sobre el clima. Sin
duda, las condiciones meteorológicas pueden favorecer la propagación de los
incendios, pero también es legítimo preguntarse si se está haciendo todo lo
posible para gestionar adecuadamente nuestros montes y reducir el combustible
vegetal acumulado. Esa reflexión merece hacerse con serenidad, con rigor y,
sobre todo, con la voluntad de evitar que estas tragedias vuelvan a repetirse.
Lo que nadie puede discutir es la realidad que hoy tenemos delante de nuestros ojos. Nuestros Arribes han quedado nuevamente asolados, abrasados y heridos por la violencia del fuego. Han desaparecido masas forestales, cultivos, hábitats naturales y parte de un paisaje que forma parte de nuestra memoria colectiva. Pasarán muchos años hasta que la flora y la fauna recuperen, siquiera parcialmente, la riqueza que conocimos
Y no es la
primera vez.
El 27 de
agosto de 2017 escribíamos en este mismo blog una reflexión tras el gravísimo
incendio que entonces conmocionó a Fermoselle. Terminábamos aquel artículo con
estas palabras:
«Es necesario que se estudien, por parte de quien corresponda, las causas que han producido la rápida propagación del fuego que ha llegado a las mismas puertas del pueblo; que se revisen las bases que se contemplan en el documento sobre el Parque Natural de Arribes del Duero… Es necesario que no se produzcan nunca más estos lamentables hechos y situaciones que tanto enervan el sentir de los fermosellanos.»
Han pasado
casi nueve años.
Lamentablemente,
hoy esas palabras siguen teniendo la misma vigencia. Ojalá llegue el día en que
podamos releerlas únicamente como el recuerdo de un pasado superado y no como
la crónica repetida de una tragedia que vuelve una y otra vez.
Desde la Asociación Cultural El Pulijón queremos expresar todo nuestro apoyo y solidaridad con quienes están luchando contra este incendio, con los vecinos que viven horas de incertidumbre y con todos aquellos que han visto amenazadas sus propiedades, sus cultivos o su forma de vida.
Confiamos en
que las llamas sean definitivamente controladas cuanto antes y que, una vez
superada la emergencia, llegue el momento de reflexionar, aprender y actuar
para que nuestros Arribes nunca más vuelvan a sufrir una devastación semejante.
Porque los
Arribes no son solo un paisaje.
Son nuestra
historia.
Son nuestra identidad.
Y también forman parte del legado que tenemos la obligación de conservar para las generaciones futuras.
Desde la
Asociación Cultural El Pulijón deseamos de todo corazón mucha fuerza, ánimo y
esperanza a Fermoselle y a todos sus vecinos.












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